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Bucéfalo: un caballo de leyenda



Alejandro Magno fue uno de los personajes históricos de más peso a lo largo de los siglos. Por defecto, también lo fue su fiel corcel y compañero de aventuras, Bucéfalo. Ya en la misma adolescencia de Alejandro aparece en su historia este caballo. Plutarco relata que Bucéfalo fue comprado por trece talentos por el rey Filipo II de Macedonia a un tesalio llamado Filonico. Fue entonces cuando, según narra la leyenda, el caballo comenzó a mostrarse tosco y salvaje, relinchando y lanzando coces por doquier, sin que nadie lograra apaciguarlo. Sólo el joven Alejandro logró montar al caballo, y se dio cuenta de que el caballo recelaba de su propia sombra. Alejandro giró la cabeza del caballo hacia el sol, cegándole y subiéndose de un solo brinco al caballo, momento que haría pronunciar a su padre la célebre frase: "Hijo, búscate un reino que sea igual a tu grandeza, porque Macedonia es pequeña para ti." Se dice que desde entonces Bucéfalo sólo se dejaba montar por Alejandro.

Una anécdota curiosa narra que cerca de Hircania, Bucéfalo es capturado por un pueblo rebelde del lugar. Alejandro logrará recuperarlo después de amenazar con matar a todos los habitantes de la región, algo de demuestra el gran amor que sentía por su caballo. . Otra anécdota se narra cuando el pintor Apeles realizó un retrato ecuestre de tal realidad y calidad artística, que Bucéfalo al ver el cuadro comenzó a relinchar como si hubiera visto en el caballo del retrato a un caballo real de carne y hueso.

Acompañó a Alejandro por toda su campaña en Asia contra el Imperio Aqueménida, a lo largo de toda Asia, batalla tras batalla hasta que murió a los 30 años durante o después de la batalla del Hidaspes, librada por el ejército macedonio en el año 326 a. C. contra el ejército del rey indio Poros. Aunque hay otras biografías donde se dice que murió en la propia batalla,​ esto es cuando menos dudoso, ya que otras fuentes biográficas afirman que murió de agotamiento y de viejo antes de dicha batalla contra los indios. Debido a la gran fraternidad que existía entre el rey y el caballo fue encargada una sepultura solemne, además Alejandro ordenó levantar una ciudad en nombre de su inseparable Bucéfalo, la cual se llamaría Bucéfala o Alejandría Bucéfala. Se cree que este sitio está localizado frente al moderno pueblo de Jhelum, en la provincia del Punyab, al noreste del actual Pakistán. A partir de aquí, muerto el caballo, nacerá la leyenda.


La leyenda de Bucéfalo creció en asociación con la de Alejandro, comenzando con la ficción de que nacieron simultáneamente: algunas de las versiones posteriores del Romance de Alejandro también sincronizaron la hora de su muerte. La pareja forjó una especie de culto en el sentido de que, después de ellos, era casi esperado que un gran conquistador tuviera también un gran caballo. Aníbal, Julio César o incluso Napoleón tenían uno; lo mismo hizo el excéntrico emperador romano Calígula, que hizo un gran alboroto con su caballo Incitatus, organizando fiestas de cumpleaños para él, incluso convirtiendo al equino en cónsul romano y montándolo adornado con la coraza de Alejandro.


Así pasando el tiempo nos encontramos con Aníbal, el gran cartaginés cuyo caballo se llamaba Strategos. El nombre griego de Strategos se debe a su origen, pues fue traído expresamente de Tesalia por Aníbal. Con ello, el cartaginés pretendía tener un caballo equiparable al Bucéfalo de Alejandro Magno, que había nacido en la misma región. Estrategos llevó a Aníbal sobre su lomo durante todas sus campañas militares, incluido el peligroso paso de los Alpes y la invasión de Italia.

Otro grande de la historia universal, Julio César, mandaría construir un nuevo foro en el centro de Roma. La nueva construcción se edificó al pie del monte Capitolino, lindando con el antiguo centro. Así se formó el Foro Iulium, es decir, el Foro de Julio César. En tres lados había edificios porticados y en el último se hallaba un templo dedicado a Venus, ya que la familia de Julio César afirmaba ser descendiente de la diosa. En frente del templo situó una estatua de sí mismo montando a Bucéfalo, el caballo de su admirado Alejandro y no su propio caballo, Genitor. Este hecho señala la gran importancia del corcel de Alejandro incluso para el gran César.



Frente a la tradicional y razonada descripción de la doma de Bucéfalo realizada por Plutarco que hemos leído antes, aparecerá posteriormente el texto del Pseudo-Calístenes sobre la vida del conquistador griego da una versión mucho más fabulosa e irreal. En esta famosa biografía, llamada el Romance de Alejandro, que se hará tremendamente popular durante la Edad Media, se convierte al extraordinario caballo en una bestia antropófaga. En esta biografía, Bucéfalo es presentado como un caballo de hermosa figura, pero dominado por un furor salvaje que lo llevaba al extremo de la antropofagia motivado quizás por la creencia de que era descendiente de una de las Yeguas de Diomedes, por lo que Filipo decidió construirle una jaula de hierro a donde echaría a todos aquellos que desobedecieran sus leyes. El Oráculo de Delfos dijo a Filipo que sería rey de todo el mundo habitado aquel que pudiera montar a Bucéfalo y cruzar la ciudad de Pela. Cuando, con 15 años, Alejandro descubrió la caballeriza del animal y se acercó al caballo, este extendió sus patas delanteras y relinchó suavemente, como si le reconociera como su amo, y el joven príncipe pudo sacarlo sin ayuda de los criados y cabalgar con él por la ciudad, dominado por una completa docilidad.


Bucéfalo-unicornio presentado al rey y encerrado en una jaula por antropofagia, s. XII-XIII, iluminación miniada en el manuscrito Historia latina de Alejandro Magno, Ms. Latin 8501, fol. 7r. Bibliothèque nationale de France (París)

Pero durante la Edad Media y el desarrollo literario del Romance de Alejandro hará a Bucéfalo convertirse en nada más y nada menos que en un unicornio. Pero, ¿por qué un unicornio? El animal al que hoy día conocemos como unicornio se encuentra en conexión con la imagen desvirtuada del rinoceronte, fenómeno producido por el desconocimiento visual y estético de este animal a lo largo de los siglos. En la Edad Media el unicornio fue un animal de gran carga polisémica, ya que fue tanto símbolo de fuerza, de castidad, de pureza y de divinidad, como también fue imagen del Bucéfalo de las leyendas. Como es bien sabido, el principal atributo que guarda el unicornio es su cuerno único, siendo su genuina particularidad ya que sus otros caracteres fluctuaban. Este cuerno normalmente podía encontrarse brotando de entre sus ojos, o bien desde la parte superior de su cabeza. Y esta leyenda se encontrará con la realidad encarnándose en Bucéfalo, el caballo mejor y más famoso de todos.



Así pues, el proceso de transformación del Bucéfalo-caballo al del Bucéfalo-unicornio, no está nada claro pero podría atender a la temprana representación de Bucéfalo portando dos cuernos sobre su cabeza en las improntas de las monedas emitidas por el rey Seleuco, uno de los sucesores de Alejandro. También podemos alegar una posible influencia por parte de la interpretación de la profecía número VIII del Libro de Daniel, ya que desde muy pronto la hermenéutica identificó al macho cabrío con un solo cuerno con Alejandro Magno de Macedonia. Por ello, hubo diversas representaciones en el ámbito del libro ilustrado en las que apareció un macho cabrío con un solo cuerno venciendo a un carnero de dos cuernos. Pero, no hay que olvidar otros orígenes como el de la propia raíz del nombre de este caballo, Bucéfalo que en griego significa "cabeza de buey" o "cabeza de toro"; a este respecto, debe tenerse en cuenta que la cultura árabe denominaba a Alejandro Magno como Dhul-Qarnayn, es decir, como el señor de los dos cuernos (Corán, 18: 83-94). Con esta herencia, los romances medievales comenzaron a crear diferentes formas para Bucéfalo, por lo que muchos empezaron a añadir cuernos sobre la cabeza del caballo (un cuerno, dos cuernos y hasta tres cuernos). Asimismo, el auge de la representación del unicornio como animal equino vino tras la entrada del unicornio en los romances caballerescos como los alejandrinos.


Moneda de época seléucida que representa a Bucéfalo con cuernos

Por último, debemos remarcar la importancia y posterior proyección del unicornio como la perfecta montura. Una evidente proyección se vio en las armaduras de caballo o bardas que protegían los corceles de los caballeros en la batalla desde el s. XII, y que siguieron realizándose en la Baja Edad Media y a inicios de la Edad Moderna. En éstas se añadía un saliente punzante en la testera del caballo, justo entre los ojos, sirviendo éste como defensa, realizado este saliente a imagen y semejanza del cuerno que porta el unicornio.


Alejandro enterrando a Bucéfalo-unicornio, 1444-1445, iluminación miniada en el manuscrito El Romance de Alejandro en prosa francesa; iluminado por el maestro Talbot, probablemente en Ruan (Francia), Royal Ms 15 E VI, fol. 21v. British Library (Londres).

Pero si en la cultura popular de Occidente el caballo de Alejandro se ganó un sitio en la memoria histórica, también tendrá su lugar preferente en Oriente. Famosas son también las leyendas concernientes a Alejandro y Bucéfalo que aún hoy cuentan los pueblos del Asia Central, que narran de manera orgullosa a todo aquel que quiera oírles que sus caballos son descendientes del gran Bucéfalo, algo muy a tener en cuenta debido a la gran importancia que los caballos tienen entre estos pueblos de Asia. Esta historia y la del Bucéfalo-unicornio se ve reflejada en una curiosa anécdota que cuenta Marco Polo sobre sus viajes por Asia. Narra el viajero veneciano que se entretuvo en Balj con las historias de los gobernadores de Badajshán, entre los Pamires y el Oxo, cerca del emplazamiento de la Alejandría más nororiental. Sus caballos, le contaron, descendían de Bucéfalo, y por tanto habían nacido con un cuerno en la cabeza; sin embargo, los celos en la familia real habían provocado que el único semental fuera ejecutado, y por eso ahora el linaje se había extinguido. El recuerdo por Bucéfalo sigue presente también en el valle del Indo, donde perdió la vida. En Mankialma, cerca de Taxila en Pakistán, los habitantes todavía siguen hoy en día llamando a sus caballos Bucéfalo porque creen que fue enterrado bajo una estupa cerca de allí. Como vemos, Alejandro parece que se ganó la inmortalidad con su recuerdo eterno en la memoria de los hombres, y parece que Bucéfalo también.