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Calipatira: la mujer que fue descubierta colándose en los Juegos Olímpicos

Hija de Diágoras de Rodas, Calipatira se atrevió a desafiar las normas establecidas de su tiempo y poner en riesgo su propia vida por compartir con su hijo Pisírrodo un día inigualable para él, el de su victoria en los Juegos Olímpicos de 404 a.C., pese a estar prohibido el acceso de las mujeres.


Durante la celebración de los Juegos Olímpicos las mujeres, al menos las mujeres casadas y viudas, tenían prohibido el acceso al santuario, y la violación de tal prohibición estaba penada con la muerte, debiendo ser arrojada la infractora por los barrancos del monte llamado Tipeo. En los Juegos de Olimpia, el veto para la mujer era una norma estricta y su participación y la asistencia a las pruebas estaba completamente prohibida. Las competiciones de los Juegos estaban concebidas para hombres y no se permitía la participación de mujeres, ni siquiera como espectadoras, debido a que los atletas competían desnudos. A pesar de que las mujeres tenían prohibida la asistencia a los Juegos en Olimpia, se tiene constancia de la presencia de una mujer entre los espectadores de los Juegos Olímpicos. Fue el caso de Calipatira.


Calipatira era hija del célebre campeón olímpico Diágoras de Rodas y hermana de los también campeones Damageto, Acusilao, y Dorieo. Su padre la entrenó al igual que sus hermanos y le inculcó ese amor por el deporte, creando una gran estirpe familiar de campeones olímpicos. Pero al ser mujer no podía competir en los Juegos Olímpicos como sí hicieron sus hermanos. Se casó con un tal Calianax, con quien tuvo dos hijos: Eucles, que obtuvo el premio de pugilato en los juegos olímpicos, y Pisírrodo, que era muy niño cuando falleció su padre. Pisírrodo debía combatir en los juegos olímpicos. En su amor de madre, Calipatira sabía que su hijo sería el vencedor; estaba segura de ello, y quiso premiar el triunfo de su hijo. Para poder ver a su hijo Pisírrodo en la competición de pancracio en los Antiguos Juegos Olímpicos, donde la presencia de mujeres estaba vetada, se disfrazó de hombre y se hizo pasar por entrenador de su hijo. La emoción irrefrenable dominó a Calipatira quien salió corriendo en busca de su hijo, pero desgraciadamente su vestido se enganchó y ella quedó desnuda ante todos los presentes descubriendo así su engaño.

El delito de Calipatira se castigaba con pena de muerte pero ella se defendió con vehemencia, proclamando que nadie tenía más derecho que ella a presenciar las pruebas, si se tenía en cuenta que era hija de campeón, hermana de campeones y madre de campeón, todos ellos sumaban una gran cantidad de victorias olímpicas. El inapelable y pasional argumento de Calipatira desarmó a todos y no les quedó más remedio que absolverle.

Para evitar que en adelante volviese a suceder algo así, se decretó que los entrenadores, al igual que los atletas, deberían asistir desnudos a las competiciones olímpicas.


Con el tiempo llegaría a haber mujeres que incluso participarían en los Juegos Olímpicos. A pesar de esta restricción, hubo un resquicio en el que tenía cabida la participación femenina. En concreto, se trataba de las carreras de cuadrigas donde, aunque no competían físicamente, aparecieron las primeras campeonas olímpicas, puesto que en estas carreras no se proclamaba vencedor a quien conducía la cuadriga, sino al propietario de los caballos. De este modo, una mujer con una buena condición económica, podía disponer de caballos en propiedad para poder competir en los Juegos Olímpicos. Este fue el caso de Cinisca de Esparta, Eurileónide de Esparta, Belistique de Macedonia, Timáreta de Elide, Teódota de Elide y Casia de Elide.

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