Buscar

Caracalla: el emperador romano que se creía la mismísima reencarnación de Alejandro Magno

Alejandro Magno ha sido considerado en la antigüedad como símbolo de virtud política y militar, muchos emperadores y reyes buscaron en su figura, elementos para obtener legitimidad. A partir del siglo II y, concretamente, con la figura de Trajano, diversas fuentes romanas retoman con mayor profundidad la admiración y el recuerdo por Alejandro el Grande, como el gran militar-conquistador, gobernante y unificador de pueblos diversos.

De esta forma, la famosa imitatio Alexandri vuelve a resurgir fuertemente con los emperadores de la dinastía de los Severos. Intentaron éstos, la empresa conquistadora de Alejandro, adoptando algunas medidas políticas, prácticas y acciones militares concretas.

De la dinastía de los Severos, será Caracalla el emperador que más desarrolla una admiración y una veneración tan personal a la figura del macedonio, exteriorizándola constantemente en sus modos de actuar. Las fuentes contienen varias referencias a este suceso, la Historia Augusta afirma que esta obsesión comienza en caracalla siendo un joven:


Después que rebaso su niñez, bien por la astucia de su carácter, bien porque consideraba que debía equipararse a Alejandro el Grande de Macedonia, se volvió más reservado, más severo e incluso de aspecto más atroz, hasta el punto de que muchos no creían que era el mismo que habían conocido de niño. Tenía siempre en sus labios a Alejandro Magno y las hazañas que este había realizado. (Historia Augusta 1989:287)


Dion Casio transite muchas anécdotas de la pasión que Caracalla le profesaba a Alejandro:


“el era tan entusiasta con Alejandro que usaba ciertas armas y copas que pensaba que habían pertenecido a el, tanto en los campamento como en la misma Roma (…)organizó una falange compuesta por 16000 soldados, todos ellos macedonios, la llamó la falange de Alejandro. El armamento de estos soldados era el mismo usado por las tropas de Alejandro (…) exigió ser llamado el Augusto del Este” (Dio 1955:293)


Relata Dion que en un momento, Caracalla escribió una carta al Senado diciéndoles, que Alejandro había vuelto a la vida en su persona ya que como desgraciadamente había tenido una vida tan corta, para cumplir su propósito necesitaba vivir nuevamente. Entre otras cosas, el autor sostiene que Caracalla profesaba un odio que constantemente aumentaba contra los filósofos aristotélicos, que lo llevaron desde un primer momento a quemar todos sus libros y prohibir sus reuniones hasta quitarles todos sus privilegios, ya que él consideraba que Aristóteles había tenido participación en la muerte de Alejandro. En ésta empresa de Dion, de tratar de resaltar esta admiración rayando lo infantil de Caracalla, describe que al preguntarle a un tribuno macedonio, su nombre, y el nombre de su padre, que era Filipo, inmediatamente fue promovido a la categoría de Senador con el rango de un ex pretor. Es ciertamente probable que el trasfondo histórico de esta imitación de Caracalla hacia Alejandro haya sido la situación militar del Imperio Romano en su frontera Este, debido a las constantes hostilidades contra el imperio Parto. Septimio Severo anteriormente se había enfrentado a este imperio durante los años 197 y 198. De igual manera, Caracalla marchó hacia esa frontera para luchar contra estos enemigos los cuales históricamente estaban relacionados con el Imperio Persa contra el que combatió Alejandro. Es factible que éste sentimiento de admiración hacia Alejandro, haya sido inculcado a Caracalla por su padre Septimio Severo, quien durante la lucha por el título imperial, marcha en el año 194 contra Pescenio Niger. La batalla decisiva se desarrolla en la zona de Issos en Cilicia, el mismo lugar donde Alejandro consigue su victoria contra el rey persa Darío en el año 333 a.C., esto seguramente haya despertado un primer sentimiento de admiración en Caracalla siendo todavía este un niño. Herodiano también refiere a esta alejandromanía de Caracalla, sostiene que la pasar por Tracia, territorio vecino de Macedonia, inmediatamente se convirtió en Alejandro, e intentó restaurar su memoria por todos los medios, encomendó a las ciudades a poner imágenes y estatuas de Alejandro, cubrió templos con aquellas estatuas, que según él, mostraban su parecido con el macedonio. El mismo Caracalla se presentaba vistiendo prendas macedonias como la causía, formó las falanges macedonias y ordenó que los generales que las comanden, tomen los nombres de los generales de Alejandro.


El legado más importante de su mandato fue el llamado Edicto de Caracalla o Constitutio Antoniniana del año 212 d. C., por el cual se extendía la ciudadanía romana a todos los habitantes libres de todas las provincias del Imperio. Dicha medida, aconsejada por el deseo de acrecentar la unidad política del Imperio y de elevar los ingresos fiscales, dio un gran impulso a la romanización, al dejar al margen de la ciudadanía sólo a las poblaciones bárbaras instaladas en las fronteras. En este edicto también tuvo, sin duda, como modelo e imagen, la obra conquistadora y, sobre todo, unificadora de Alejandro Magno. Desde su juventud, sintió una admiración extrema por el macedónico. Por ello, la figura de éste ante los ojos del emperador aparece como el cohesionador de diversos pueblos y etnias, en torno a un ecúmene organizado. Alejandro produjo la eclosión de un nuevo mundo, una simbiosis entre occidente y oriente. Caracalla al dictar la Constitutio, también, estaba creando un nuevo mundo, un imperio nuevo, unido política y jurídicamente a través de una ciudadanía universal.


Pero para intentar imitar a Alejandro hacía falta una campaña militar exitosa, y el Oriente era sin duda la gran asignatura pendiente de los romanos. La empresa oriental ofrecía innumerables posibilidades de encontrar analogías y reconfirmar la admiración del emperador por el macedónico, por su grandeza conquistadora, estratégica y militar. La experiencia militar de Caracalla era limitada, solamente había combatido bajo las órdenes de su padre y no poseía hasta el momento ninguna victoria o triunfo personal relevante. Estaba obligado a triunfos y campañas victoriosas, verdaderas y propias y a desarrollar una política exterior expansiva. Era clave alimentar el mito del nuevo Alejandro, haciéndolo parecer como un jefe carismático y vencedor, un verdadero conquistador. Así comienza una expedición se dirige hacia el Danubio y atraviesa Tracia. Cruza el Helesponto y llega antes a Nicomedia, donde inverna. De Nicomedia, se encamina hacia la Siria estableciéndose en Antioquía. Es el punto de partida de su expedición al oriente. Deseaba Caracalla, en primer término, recuperar la zona de Armenia con la idea de hacerla nuevamente provincia, como en los tiempos de Trajano, y de ahí dirigirse a su gran objetivo: la conquista del reino parto. Su propósito en Armenia pronto se convierte en fracaso al ser derrotado un comando que había enviado a las órdenes de Teócrito. Después del fracaso armenio, Caracalla abandona su cuartel general en Antioquía para dirigirse a Alejandría, donde se encuentra la tumba de su ídolo.


En este afán de imitar a Alejandro, Herodiano cuenta lo vivido en Alejandría, a donde marchó bajo el pretexto de ver a la ciudad fundada en honor a su héroe y modelo, como así también honrar al dios Serapis. Inmediatamente ordenó preparar grandes sacrificios y ofrendas para ser entregadas en honor a Alejandro. Los habitantes de Alejandría quedaron impresionados al enterarse del afecto del emperador, es por eso que el recibimiento fue “como jamás se había tributado a un emperador”. Al llegar a Alejandría, Caracalla inmediatamente se dirigió a la tumba de Alejandro, donde se quitó su manto púrpura, sus anillos y todos los elementos de valor, y lo depositó en el sepulcro de Alejandro. Sin embargo, su estancia en Alejandría tuvo un final trágico. Tras la propagación entre el pueblo de una sátira contra Caracalla por el asesinato de su hermano Geta, los legionarios de Caracalla devastaron la ciudad y asesinaron a miles de ciudadanos inocentes. Este acto había sido ejecutado con el mayor de los cinismos por parte de Caracalla, ya que su verdadero fin era eliminarlos en respuesta al rumor de que los alejandrinos se burlaban de él, tanto de su situación como asesino de su hermano, como de su veneración a Alejandro. Urdió Caracalla un plan donde llevando engañados a un gran número de jóvenes, con la excusa de una selección para integrar las filas en la falange creada en honor a Alejandro, los hizo formarse desarmados, para posteriormente dar la orden a sus soldados de que los eliminaran Este hecho impulsó el odio contra el emperador por parte del pueblo alejandrino.


Caracalla buscó, al igual que Alejandro Magno, la universalidad del imperio, vemos esto reflejado tanto en su edicto como también en la supuesta boda que Caracalla pretendió con la hija del rey Parto, esto dentro de este contexto de resignificación de la imagen de Alejandro, como la unión entre este renacido Alejandro y Roxana, lo que significaría no solo la ampliación del imperio sino también la consumación de la idea de universalización del imperio. Si bien el proyecto del emperador fracasó, emprendió la marcha contra el rey Artabano V y los partos, pues necesitaba ser nuevamente un conquistador y un militar victorioso. La expedición culminó con la toma de Arbelas, la mítica ciudad conquistada por Alejandro y saqueó la zona de Media, violando las tumbas de algunos reyes partos. Cansados sus soldados por los ataques y asedios a los partos, Caracalla regresó a la Mesopotamia occidental. Herodiano nos cuenta que "desde allí envió un mensaje al Senado y al pueblo romano, anunciándoles que todo el oriente había sido sometido y que en el reino situado al este de Mesopotamia todo el mundo reconocía su autoridad".

Al año siguiente, en una emboscada, mientras viajaba entre Edesa y Carras, Caracalla es asesinado por iniciativa del prefecto del pretorio, Macrino, el 6 de abril de 217; murió, en consecuencia, a los 29 años y gobernó por 6; tuvo una vida corta y agitada, tal como sucedió con su modelo a imitar. En seguida sería restaurada la dinastía de los Severos al elevar el Ejército al sobrino de Caracalla Heliogábalo.

En la empresa oriental y en los sueños de Caracalla, las conquistas orientales tuvieron, además, como imagen reforzar el sentido y propósito del edicto; o sea, integrar, todavía, a otros pueblos, alargar los limes del imperio y proyectar el proceso civilizador de la romanización.