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Diágoras de Rodas: el campeón olímpico que falleció de absoluta felicidad

El célebre Diágoras, fue un atleta griego que ganó en los cuatro grandes juegos de la época (Olímpicos, Píticos, Nemeos e Ístmicos), al que se erigió una estatua en Olimpia y cuyas proezas glosó el mismísimo Píndaro.

En la época Clásica, a lo largo y ancho del mundo griego se celebraban innumerables competiciones deportivas, pero había cuatro que destacaban por su prestigio sobre las demás: los Juegos Olímpicos, los Píticos, los Ístmicos y los Nemeos. Todos ellos se celebraban en lugares con una fuerte impronta sagrada: en el caso de los Juegos Olímpicos, que se celebraban cada cuatro años en el santuario de Olimpia, al noroeste de la península del Peloponeso, donde se alzaba un gran templo en honor del dios Zeus. Los Juegos Píticos, celebrados también cada cuatro años, tenían lugar en honor del dios Apolo en su santuario de Delfos, en un paraje impresionante, al pie del monte Parnaso. En cuanto a los Juegos Ístmicos, celebrados cada dos años, reciben su nombre del istmo de Corinto, que une la Grecia continental con el Peloponeso. Allí se encontraba un santuario dedicado a Poseidón, el dios del mar y de los caballos, a unos siete kilómetros al este de Corinto, que era la ciudad encargada de su organización. Y por último los Juegos Nemeos, celebrados también cada dos años, que se desarrollaban en un idílico valle del noreste del Peloponeso en la región de la Argólida donde existía un santuario dedicado a Zeus Nemeo.

Los Juegos eran celebrados cada ciclo de cuatro años conocido como Olimpiada, que era una de las medidas de tiempo de la antigua Grecia. En este ciclo, los primeros en celebrarse eran los Juegos Olímpicos que se efectuaban en el primer año; durante el segundo año se celebraban los Juegos Nemeos y los Juegos Ístmicos (en meses diferentes); durante el tercer año acontecían los Juegos Píticos; y en el cuarto año eran nuevamente celebrados los Juegos Nemeos y los Juegos Ístmicos. Después el ciclo se volvía a repetir comenzando nuevamente con los Juegos Olímpicos. Así, los Juegos estaban organizados de forma que un atleta pudiese participar en todos ellos. Para todos ellos se decretaba una «tregua sagrada», que proclamaba la inviolabilidad de atletas y espectadores durante las competiciones, incluyendo un amplio lapso de tiempo antes y después de las mismas a fin de garantizar la seguridad durante el viaje de ida y regreso a sus respectivas ciudades.



Oriundo de la isla de Rodas, Diágoras era descendiente de antiguas casas reales tanto por parte de padre como por parte de madre. De su vida al margen del deporte no se sabe prácticamente nada, así que lo único que sabemos de él es por su carrera deportiva y su participación en los juegos panhelénicos. Su especialidad era el pugilato, la lucha con puños; es decir, el boxeo, nombre con el que se le conoce a este deporte en estos tiempos.

El boxeo es un deporte antiquísimo practicado al menos desde los períodos minoico y micénico, y que además aparece ya descrito en la “inmortal” Ilíada como parte de los ritos fúnebres en memoria del caído Patroclo. El hecho de que el boxeo apareciera en los prestigiosos versos de Homero hará que este deporte sea admitido en los juegos a principios del siglo VII a.C. En un principio, era una práctica brutal y sangrienta en la que los dos contendientes se enzarzaban a puñetazos hasta que uno noqueaba o mataba al otro. Después se añadieron guantes con púas y vendajes de cuero para las manos y pecho que siguieron haciendo del boxeo un deporte bastante sangriento. Más tarde se prohibieron las púas y los púgiles usaban himantes, largas tiras de cuero que protegían los nudillos al enroscarse varias veces en las manos; en los siglos siguiente llegarían los sphairai, himantes acolchados por dentro pero rígidos por fuera, y los oxys, una tiras más gruesas. Un avance para evitar que fuera un deporte demasiado sangriento pero sólo amortiguaba parcialmente esta dureza del pugilato, que entre sus reglas no permitía llaves de lucha, ni arañazos.

Diágoras venció dos veces en los Juegos Olímpicos, cuatro en los Ístmicos, otras dos en los Nemeos y una en los Píticos. Como ganador de su prueba en esos cuatro juegos panhelénicos, se hizo acreedor de la distinción de “periodonikes” (título recibido sólo a aquellos que ganaban en los cuatro grandes juegos panhelénicos). Allá por el año 464 a.C., cuando tomó parte en la 79ª Olimpíada, ya se había convertido en un mito viviente, razón por la cual se le dedicó una estatua en la ciudad, obra del escultor Calicles, mientras que el poeta Píndaro le compuso unos versos en su Séptima oda olímpica:


Cubre Señor, de gloria

al que la gran victoria

en Olimpia ganó, púgil valiente.

Estima y reverencia

entre la propia y extranjera gente

le de tu omnipotencia;

Que el rumbo sigue a la arrogancia opuesto,

Enérgico y modesto,

y los ejemplos raros

siempre sus normas son, ¡Musa! No olvides

que del buen Calianate,

célebre en el combate,

es nieto, y de los nobles eratides.

Rodas está de fiesta. Su contento

no venga a perturbar mudable viento.


Píndaro: fragmento de la Séptima Oda Olímpica al púgil Diágoras de Rodas


Diágoras fue considerado un modelo de deportividad y virtud, no habiendo quebrantado nunca las reglas y mostrándose siempre cortés con sus rivales. Y eso inculcó a sus tres hijos, a los que llamó Damageto, Acusilao, y Dorieo, y los entrenaba personalmente, así como a su hija Kalipatira. Ellos siguieron sus pasos y a su vez transmitirían ese amor al deporte a sus vástagos, creando así una auténtica estirpe de atletas. Los tres varones siguieron los pasos de su padre y llegaron a superarle. Fueron campeones olímpicos en distintas especialidades y varias veces, por lo que se los inmortalizó asimismo en escultura junto a su progenitor. Damageto, ganador de pancracio (una combinación de boxeo y lucha libre), en los años 452 y 448 a.C. Acusilao, de pugilato en el 448 a.C. De todos ellos, Dorieo fue quizás el alumno aventajado de su padre, al que incluso superó practicando otra modalidad, el pancracio, imponiéndose en los juegos Olímpicos (tres victorias), Nemeos (siete), Ístmicos (ocho) y Píticos, con lo que también fue proclamado periodonikes.

En el año 448 a. C. durante los 89º Juegos Olímpicos, sus hijos Damageto y Aquesilao ganaron respectivamente su segundo pancracio y el pugilato. En esa cima de éxito y felicidad, los dos corrieron a abrazar a su padre, a quien cargaron a hombros para dar la vuelta al estadio mientras la enfervorecida multitud les aclamaba y lanzaba flores.

La leyenda cuenta que en ese momento, un espectador de entre el público le espetó a Diágoras:


Κάτθανε Διαγόρα, ουκ εις Όλυμπον αναβήση.Ya puedes morir, Diágoras, pues no esperes subir al Olimpo»).



Diágoras, lleno de profunda felicidad y reconocido por todos, soltó un último aliento y murió. Es bastante poco probable que el episodio en sí sea histórico, pero una buena historia es una buena historia y, ¿Quiénes somos nosotros para fastidiar una buena historia?.

En su honor, un club de fútbol local, Diagoras F.C., y el Aeropuerto Internacional de Rodas, "Diagoras" llevan su nombre.




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