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El inusual experimento del faraón Psamético para conocer cual era la lengua original del ser humano



¿Cuál fue el primer lenguaje en la Historia de la humanidad? La eterna pregunta que parece no tener respuesta. Lamentablemente, incluso hoy en día, no hay una respuesta clara para esta pregunta. De las casi 5.500 lenguas habladas hoy en día, los expertos determinan que todas provienen de 9 grandes familias lingüísticas. La lógica dice que estas 9 familias deben de provenir de un tronco común, una protolengua original que en cierto momento inicial de la historia, fuese la única lengua hablada por la humanidad. Sin embargo falta un eslabón perdido que permita unificar unas familias lingüísticas con otras. Sin embargo, este no es un cuestionamiento nacido del pensamiento moderno, sino que cala muy hondo en la mente humana. Hace 2600 años, esta pregunta ya se le ocurrió a un faraón, Psamético I, quien gobernó en el siglo VII a. C.


Cuenta Herodoto que el faraón Psamético I, obsesionado con averiguar el origen de todas las lenguas, quiso saber cuál era la primera lengua del mundo pero el problema era como conseguirlo. Ardua sería la tarea, y más difícil aún discernir la manera correcta de cómo se llevaría a cabo. Mucho tiempo llevó el tomar la decisión más correcta para llevar a cabo el experimento. No obstante, un día, se concluyó que si existía una lengua original esta tendría que ser natural, ya que de lo contrario cómo se aprendería un lenguaje sin saber otro previamente. Así que se puso en práctica un experimento ingenioso a la vez que cruel. Dio la orden de que dos niños recién nacidos fueran criados por un pastor y se prohibió que nadie pronunciara una sola palabra en su presencia. El faraón suponía que al no estar condicionados lingüísticamente la primera palabra que pronunciaran los niños pertenecería al idioma original de la raza humana, la lengua más antigua del mundo.


El faraón le dio al pastor unas instrucciones muy claras. Nadie, absolutamente nadie debería hablarles a los niños, ni siquiera el propio pastor, que debería alimentarlos y cuidarlos mientras estaría atento y escuchando cual sería la primera palabra que vocalizaran los niños. La hipótesis era que la primera palabra se pronunciaría en la lengua raíz de todas las personas.

Al cabo de dos años uno de los niños gritó "βεκός" (bekós) con los brazos extendidos. El pastor se lo comunicó inmediatamente al faraón que uno de los niños había pronunciado espontáneamente su primera palabra. El faraón y sus consejeros concluyeron que la palabra pronunciada por el niño era frigia porque "bekós" era el sonido de la palabra frigia para "pan". Resulta curioso el hecho de que su primera palabra no fuera el típico "mamá" o "papá" sino "pan". Por lo tanto, y aparentemente resuelto el enigma, afirmaron que el frigio era el idioma original hablado por los hombres desde la noche de los tiempos y, por consiguiente, el primer idioma del ser humano. Lo que a sus ojos hacía de los frigios un pueblo mucho más antiguo que los egipcios. Sin embargo, ya en la antigüedad Aristófanes y Apolonio de Rodas sospecharon que bekós era un sonido onomatopéyico que imitaba el balido de las cabras con las que se habrían criado los niños a pesar del esfuerzo del faraón para que el experimento resultara exitoso. Investigadores modernos sugieren que, de ser cierta la anécdota, probablemente se trataba de una interpretación deliberada de los típicos balbuceos de un pequeño.


Sin embargo, existen dudas sobre la veracidad de esta anécdota de Heródoto. Probablemente estemos ante una leyenda que poco o nada tenga de histórica, ¿Quién sabe? Durante mucho tiempo se creyó que esta era tan sólo una leyenda que Heródoto había disfrazado de historia real. No obstante, el hecho de que existe registro de que Psamético I sí se interesó por las lenguas. Sabemos que este faraón introdujo un transcendente cambio al promover la escritura demótica, más simple que la hierática. Si a esto le añadimos el que los egipcios creyeran a los frigios verdaderamente anteriores a ellos, le da quizás algo de verosimilitud a esta historia.


Este no sería el único experimento de este tipo para intentar averiguar el supuesto lenguaje originario y natural del ser humano. También se cuenta que en el siglo XIII, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico II envió a niños pequeños criados sin interacción humana en un intento de determinar si había un lenguaje natural. Mucho tiempo después del supuesto experimento de Federico II, se decía que Jacobo IV de Escocia había enviado a dos niños para que fueran criados por una mujer muda aislada en la isla de Inchkeith, buscando el rey escocés los mismos propósitos.