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El Kailāsh: la montaña sagrada que nunca ha sido escalada

El Kailāsh es un monte perteneciente al Himalaya occidental, en Tíbet. Allí se originan algunos de los ríos más largos de Asia como el Indo (que desagua en el mar Arábigo), el Sutlej (conocido como Shātadru o Sutudrī), el Brahmaputra (que desagua en el golfo de Bengala), y el Karnali (tributario del Ganges). A cualquier occidental esto puede recordarle al Paraíso que en las religiones abrahámicas se le describe con cuatro ríos que nacen de él. La montaña se encuentra cerca del lago Mana Sarovar (‘lago de la mente’) y el lago Rakshas Tal. Es el único monte importante en todo el mundo que no tiene ningún intento conocido de ascensión, por respeto a las creencias religiosas budistas e hindúes. Ha sido llamado "la montaña más sagrada de Asia"


¿Qué significa Kailash?. No se sabe a ciencia cierta. Los historiadores que han buscado no han encontrado nada. Tirando del hilo solo lo han podido relacionar con un término sánscrito que significa ‘cristal’. Eso sí, la traducción tibetana es la de ‘preciosa joya de nieve’. El Kailash es la montaña que simboliza, por sus cumbres nevadas como halos de luz, el más alto logro espiritual, la pureza de la mente, la iluminación. Aunque los alpinistas no consideran que el Kailash sea una cima muy difícil de conquistar, no se tiene registro de que nadie haya subido a la cima del Kailash, los montañistas occidentales que han planeado su ascenso han sido recibidos con protestas y animadversión, desistiendo de su objetivo ante el clamor popular que considera el hecho de escalar la montaña una grave profanación. El Kailash se mantiene puro; su verdadera cima puede alcanzarse, según la tradición, solamente a través de la meditación y el cultivo de la conciencia sutil. Las personas que creen que la Tierra tiene un cuerpo análogo al ser humano, un campo magnético con centros energéticos, dicen que ahí se encuentra el chakra corona, el chakra de las mil flores de loto blancas, el chakra en el cuerpo humano donde tiene su habitación Shiva, el eterno meditador que emana el universo para su propia delicia y que despierta en el individuo cuando Shakti -como una cobra, como un millón de abejas- zumba en su oído con un beso de calor que derrite toda obstrucción (como el Sol la nieve) y derrama el elixir de la inmortalidad (amrita) en la cueva cósmica del corazón. Sitio de gran significado para el hinduismo puesto que Shivá, el dios de la destrucción para los hinduistas, reside en la cumbre del monte Kailāsh, que es visto en algunos credos del hinduismo como el paraíso y último destino de las almas. Alrededor de él se configura una curiosa simbología: La tradición afirma que la montaña es el linga (falo) del dios Shivá y el lago Mana Sarovar, situado en su valle, como la ioni (vulva) de su consorte Párvati. Según la descripción de los Puranas, el monte Kailāsh es el pilar y centro del mándala del mundo. Sus cuatro laderas están hechas de cristal, rubí, oro y lapislázuli. Tiene 6638 metros de altura. Está situado en el corazón de seis cadenas montañosas, simbolizando un loto indio. Entonces los cuatro ríos que fluyen desde el Kailāsh fluyen a los cuatro extremos del mundo y lo dividen en cuatro regiones. Pero también tiene gran importancia para los budistas, que creen que Kailash es el hogar del buda Demchok (también conocido como Demchog o Chakrasamvara), que representa la máxima dicha. Se dice que Milarepa, campeón del budismo tántrico, llegó al Tíbet para retar a Naro-Bonchung, campeón de la religión Bön del Tíbet. Los dos magos se enzarzaron en una terrible batalla mágica, pero ninguno fue capaz de lograr una ventaja decisiva. Finalmente, se acordó que el que primero en lograr alcanzar la cima del Kailāsh sería el ganador. Mientras que Naro-Bonchung se sentó sobre su tambor mágico, elevándose sobre la cuesta, los partidarios de Milarepa se quedaron atónitos al ver que este se quedaba sentado y meditando. Finalmente, cuando Naro-Bonchung casi había llegado a la cima, Milarepa entró de repente en acción y le adelantó montando en los rayos del sol, ganando por tanto la competición y llevando el budismo al Tíbet.



Las peregrinaciones al monte sagrado tienen un objetivo común sea cual sea la religión: circunvalar el monte, recordemos que no se puede escalar. Pero no es tarea fácil ya que el circuito que lo rodea tiene 52 kilómetros y según la tradición hay que hacerlo en un solo día. Muchos peregrinos no lo consiguen por las malas condiciones del circuito, una forma física poco adecuada y el mal de altura. Es importante también rodear el monte en un sentido o en otro, depende de cada religión. Los hindúes y los budistas creen que debe hacerse en la dirección de las manecillas del reloj, mientras que los jainistas y los bönpo lo hacen al revés.



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