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El mito egipcio de la creación



Los mitos del Antiguo Egipto sobre la creación son los antiguos relatos sobre la formación del mundo. La mayor parte de la información sobre tales mitos nos la han proporcionado los Textos de las pirámides, las decoraciones murales e inscripciones funerarias cuya datación se remonta al Imperio Antiguo (2686-2181 a.C.). Tales mitos también constituyen las recopilaciones religiosas más antiguas del mundo. Los antiguos egipcios tenían muchos dioses creadores y leyendas asociadas con cada uno de ellos, por lo cual en diferentes partes del país había diferentes creencias sobre cómo se había creado el mundo, o más específicamente Egipto.


En todos estos mitos se decía que el mundo había surgido de un mar infinito y sin vida cuando el sol se levantó por primera vez, en un tiempo lejano conocido como zp tpj (a veces transcrito Zep Tepi), "la primera vez". Estos mitos diversos tienen algunos elementos en común. Todos dicen que el mundo surgió de las inertes aguas del caos, e incluyen un montículo en forma de pirámide llamado benben, que fue la primera cosa que surgió de las aguas. Tales elementos probablemente se inspiraran en la inundación anual del Nilo; al retirarse las aguas dejaban un suelo fertilizado y los egipcios quizás equipararan esto con la aparición de la vida a partir del caos primigenio. La imagen del montículo piramidal se originó en los grandes montículos de tierra que emergían al retroceder el río.​

El sol también estaba estrechamente asociado con la creación, y se decía que había salido por primera vez del montículo como el dios sol general Ra o como el dios Khepri, que representaba al sol recién nacido. Había muchas versiones sobre la aparición del sol, y se decía que, en forma de garza, halcón, escarabajo o niño, había emergido directamente del montículo o bien de una flor de loto que había crecido en este.


En Heliópolis, la creación se atribuía a Atum, deidad estrechamente relacionada con Ra. Según el mito heliopolitano, en el principio del tiempo tan sólo existían inmensas masas de aguas turbias cubiertas por absolutas tinieblas, una oscuridad que no era la noche, pues ésta no había sido creada todavía, era el océano infinito conocido por los egipcios como el océano primordial Nun, que contenía todos los elementos del cosmos. Pero aun así no existían ni el Cielo ni la Tierra, tanto los hombres como los dioses aún no habían sido creados. No había vida ni muerte. El espíritu del mundo se hallaba disperso en un caos inmenso, hasta que, tomando conciencia se llamó a sí mismo; así nació el dios Ra el dios del Sol.1

Ra estaba solo; así que decidió crear de su aliento a Shu (el viento), y de su saliva según la mitología creó a Tefnut (La humedad), y les ordenó que viviesen al otro extremo del Nun. Después Ra hizo emerger un espacio seco donde pudiese descansar; a aquel espacio seco le llamó tierra, y a la Tierra que emergió le llamó Egipto. Y como surgió de las aguas, viviría gracias a éstas; así que hizo que las aguas estuviesen en la Tierra; así nació el Río Nilo.

Ra fue creando la vegetación y los seres vivos a partir del Nun para llenar el vacío de la Tierra. Entre tanto, Shu y Tefnut tuvieron dos hijos, a los que llamaron Geb (El dios de la Tierra) y Nut (La diosa del Cielo). Geb y Nut se casaron; así, el cielo yacía sobre la tierra, copulando con el. Shu, celoso, los maldijo y los separó sosteniendo al cielo sobre su cabeza y sus hombros, y sujetando a la tierra con sus pies. Sin embargo, Shu no pudo impedir que Geb y Nut rompieran su relación, y al negarse a romper su relación tuviera más hijos, y así nacieron los nuevos dioses: Osiris, Isis, Seth y Neftis, a través de los cuales aparecieron nuevos tipos de vida. Es en este momento cuando Nut dio a luz a las estrellas, dando origen a la bóveda celeste.

Sin tener conocimiento alguno de lo ocurrido con Geb y Nut, Ra había enviado a uno de sus ojos a buscar a Shu y Tefnut para que le dijese lo ocurrido. Pero cuando el ojo regresó sin obtener lo que buscaba, otro ojo había ocupado su lugar. El primer ojo comenzó a llorar, hasta que Ra lo colocó en su frente, creando así al Sol. De las lágrimas de aquel ojo que cayeron a la tierra nacieron los primeros hombres y las primeras mujeres, que poblaron la tierra de Egipto.

Todas las mañanas, Ra recorría el cielo en una barca que flotaba sobre Nut, que ya cubría el cosmos dividiéndose en las aguas sobre el firmamento, y las aguas del abismo. Aquella barca de Ra viajaba por el cielo transportando al Sol, iluminando así a la Tierra por un periodo de tiempo de doce horas hecho por los egipcios. Cada noche, Nut se tragaba él sol, pero éste se regeneraría la mañana siguiente, y Ra continuaba su viaje por la Duat, el equivalente del Infierno egipcio, dónde debía cruzar por doce puertas, una por cada hora de la noche, éstas estaban custodiadas por la serpiente enemiga de Ra, Apep (O Apofis en griego) la serpiente, cuyo objetivo era acabar con el sol, o la Maat (El orden cósmico) si atravesaba la Duat, volvía a nacer de Nut el sol, y Ra lo volvía a transportar por el cielo durante otras doce horas, dando origen a un nuevo día...