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El "romántico crucero" por el Nilo de Julio César y Cleopatra: una luna de miel de lujo sin igual



Son pocas las referencias que tenemos sobre el viaje que realizaron por el Nilo César y Cleopatra, pero suficientes para obtener algunas conclusiones. Calificado a lo largo de la historia como un viaje de placer e incluso una luna de miel, un análisis del mismo más concienzudo nos puede arrojar luz sobre los motivos de ambos para llegar hasta los confines del reino de Cleopatra. El siguiente artículo es obra de Albert-Ludwigs de la Universität Freiburg con traducción a cargo de Mª Engracia Muñoz Santos, que fue publicado en el Boletín de la Asociación Española de Egiptología.


Nunca una reina de la antigüedad ha producido tantos ríos de tinta y al mismo tiempo nos ha suscitado tantas preguntas. Su vida se puede vislumbrar en las palabras de autores de la talla de Apiano, Suetonio o Plutarco, pero se trata de una visión distorsionada, tergiversada y manipulada. Las lagunas sobre la vida de esta mujer son aún muchas. Poco sabemos del crucero que ella y César realizaron por el Nilo y mucho se ha especulado al respecto. Sabido es que César, hombre curioso y culto, se paseaba ocioso por las calles de Alejandría y asistía a numerosas fiestas en la ciudad en su honor o en el de Cleopatra y aprovechaba cualquier oportunidad para conversar con sabios y filósofos egipcios. En una ocasión, cuenta Lucano, que Cesar comentó con uno de estos eruditos, Acoreo, sacerdote de Isis: «Pero, aun siendo tan vigorosa la energía que bulle en mi pecho y tan profunda mi pasión por la verdad, nada hay que yo desee conocer más que los orígenes de este río, ocultos a lo largo de tantos siglos, y su ignorada cabecera: que se me dé la esperanza segura de ver las fuentes del Nilo». César deseaba remontar el Nilo y traspasar las fronteras de Etiopía. Hasta el momento nadie conocía en profundidad el Nilo, aunque sí que era sabido en el Mediterráneo que era un lugar mágico, incluso lo era para los propios egipcios. Conocer el Nilo, profundizar en su conocimiento, suponía por un lado dominar el río físicamente, por otro dominarlo psicológicamente y por último, muy importante, superar a Alejandro Magno «Hubiera llegado hasta el Occidente siguiendo la inclinación de la tierra, habría contorneado los polos y bebido del Nilo en la fuente donde nace». Conocer los secretos del Nilo daba a su poseedor el total control sobre la sabiduría y por tanto sobre la magia, el Nilo era fuente de la vida, creadora y engendradora. Así fue como muy posiblemente comenzase a gestarse en la mente de César el crucero. Este viaje, calificado de romántico y de placer, iba a tener un significado mucho más profundo6 del que se quiso dejar constancia. Destaca la falta de datos al respecto por autores coetáneos e incluso la omisión explícita del mismo o el poco detallismo cuando nos lo narran los autores («diríase que el autor pretendía engañar a conciencia a sus lectores no sólo al intentar encubrir el viaje por el Nilo, sino al presentar la secuencia cronológica de los hechos de tal forma que el episodio no hubiera podido acontecer jamás») prácticamente siglo y medio después. Suetonio nos cuenta: «con ella [Cleopatra] prolongó a menudo los banquetes hasta el amanecer, e incluso se habría adentrado en Egipto hasta Etiopía en la misma nave, una góndola con camarote» y Apiano, a su vez, nos refiere: «Y remontó el Nilo […] en compañía de Cleopatra y disfrutando, por lo demás, de los encantos de la reina». Tampoco es real la imagen que hemos recibido de que César fuese el prisionero de Cleopatra como se nos ha querido convencer tradicionalmente, incluso algunos autores actuales han llegado a la conclusión de que el viaje era un mito y nunca llegó a ocurrir. Podría haber sido una invención de los autores clásicos, para realizar un paralelismo con Alejandro Magno y así intentar convencernos de que era más grande que él. Tradicionalmente se ha dicho que César permanecía en Egipto a causa de las dotes seductoras de la reina Cleopatra, «cautivo» de sus encantos, incluso hechizado; pero lo que no se ha tenido en cuenta era que la reina, en el momento en el que el cónsul rehusó volver a Roma y comenzó el crucero, se encontraba en avanzado estado de gestación, «una mujer que está a punto de dar a la humanidad el gran servicio de su sexo, no tiene ni la capacidad ni el deseo de despertar emociones febriles en un amante» nos recuerda Weigall. Por lo tanto, probablemente, se trataría más bien de un sentimiento de gratitud, afecto, responsabilidad, solidaridad, que de una obligación humana de un hombre que está a punto de ser padre. Hay que recordar que César a estas alturas de su vida, ya maduro, había perdido a su única hija, Julia durante el parto del primer nieto de este en el año 54 a. C. Cuando Julio César conoce a Cleopatra cuenta ya con 53 años y lleva tres matrimonios a sus espaldas: con Cornelia en el 84 a. C., Pompeya en el 67 a. C. y Calpurnia el 59 a. C.; de las dos primeras con un consabido divorcio, no había tenido ningún hijo. Cleopatra era joven, en este momento tenía 22 años y con ella por fin había logrado su deseo de engendrar un hijo que con un poco de suerte sería varón, no en vano, posteriormente César adoptaría a Octavio Augusto. Cuando Cleopatra y César comenzaron su crucero ella estaba embarazada y poco tiempo después ella dio a luz al hijo de César, Cesarión. Llegados a este punto, podemos suponer que el objetivo del viaje por el Nilo no era que César tratara de buscar nuevas tierras. Algunos autores hablan de «luna de miel», es decir, que probablemente ellos se considerasen marido y mujer, o al menos Cleopatra así lo entendiese, a pesar de que los autores romanos lo olviden, lo enmascaren o denigren a la propia reina por su nuevo estado civil, pero es probable que César, aun sin saber si el recién nacido iba a ser niño o niña, sentiría una cierta responsabilidad como padre, probablemente entonces comenzó a considerar a Cleopatra como su esposa. El matrimonio conforme a la concepción egipcia del mismo no era exactamente una situación jurídica, sino que era más bien considerado un acto social. Este consistía en la cohabitación de un hombre con una mujer, cosa que ambos obviamente realizaban en el palacio de Alejandría. Para que en Egipto existiese matrimonio debía existir una unión entre la pareja, una casa que sería el lugar de fundación de la familia y una descendencia que garantizase el mantenimiento de la familia. Incluso ya en época ptolemaica seguía practicándose este sistema de unión matrimonial como puede verse en el Cuento de Khaemwaset. De modo que el viaje, desde el punto de vista de Cleopatra, es decir, de la esposa, podría haber tenido como objetivo mostrar al marido la dote con la que contribuía al matrimonio, ya que el dinero, la mujer lo aportaba al matrimonio en favor del esposo; como los bienes personales que también eran dote pero que eran para uso exclusivo de ella y de su propiedad durante toda su vida; se añade el capital denominado en la literatura como «alimentación», que era entregado por la esposa o el padre al marido, pero era devuelto a la mujer en caso de divorcio; también estaban los bienes del padre y de la madre, heredados por la mujer. Es decir, que todo el patrimonio nilótico de Cleopatra formaba parte de su dote de una u otra forma y César, como marido, tenía el derecho de poder conocer la fortuna que su mujer aportaba a su matrimonio. No obstante, podríamos encontrarnos ante un viaje para dar a conocer el país, como tradicionalmente se venía haciendo cuando un soberano tomaba posesión de la corona. Todos los reyes de Egipto al inaugurar su reinado realizaban un viaje ceremonial al sur del país. Cleopatra acababa de ser coronada como reina gracias al apoyo de César, así que ambos visitaron el país; de esta forma Cleopatra tomaba posesión de forma práctica de lo que iba a ser su reino. Ya fuese con motivo de la luna de miel, con el objetivo de encontrar las fuentes del Nilo o para conocer el potencial económico y logístico del país, por motivos políticos o con la intención de mostrar las riquezas personales de la reina, la pareja comenzó su viaje.

Autores como Bowman están de acuerdo en que el comienzo del viaje fue en el verano del 47 a. C., después de la batalla de Alejandría que había terminado en febrero de ese mismo año y por la cual Cleopatra había ganado el trono a su hermano Ptolomeo XIII gracias a la ayuda de las tropas de César. La pareja partiría en su nave desde el lago Mareotis, al sur de Alejandría, donde estaba amarrada la flota recreativa de la reina. Suetonio habla de una navis thalamegos («nave, una góndola con camarotes»). Por Ateneo tenemos la descripción del Thalamegos de Ptolomeo IV Filópator (221-205 a. C.), probablemente no fuese la misma embarcación pero podría haber servido de modelo y nos sirve para hacernos una idea del lujo y ostentosidad.


Se trataría de una casa flotante real de enorme tamaño y muy lujosa. Aun teniendo en cuenta la exageración, nos podemos imaginar un buque monstruoso, propulsado por varios bancos de remeros, que fue equipado con (además de los dormitorios y salones) columnas, salones de banquetes, un jardín de invierno, los santuarios de Afrodita y Dionisos. Estaba decorado con gran lujo, con trabajos en cedro y ciprés, variado colorido y pan de oro.» Aunque probablemente se trate de una distorsión o una descripción fantasiosa Carcopino la califica de «habitación nupcial». César y Cleopatra no viajaron por el Nilo solos, 400 barcos los acompañaban («Y remontó el Nilo al frente de cuatrocientos barcos contemplando el país»), el buque real, como ya hemos visto, era de un gran tamaño y necesitaba ser impulsado por muchos barcos de remos, el resto de la flota consistiría en galeras y transportes nativos tradicionales y barcos de almacenes. Hay que tener en cuenta que Cleopatra iría acompañada de toda su corte que llevaría a su consiguiente personal dedicado a su servicio, que en muchos casos era bastante numeroso. Hablar de un crucero de placer pensando en tal comitiva de barcos y de soldados («ejército») es un error y el objetivo del viaje fue pragmático. Algunos autores hablan de exageración en la narración de la numerosa comitiva, no hay que olvidar que el Nilo era la más importante arteria comercial de Egipto y por ella circulaban barcos repletos de productos necesarios para el abastecimiento de las poblaciones de norte a sur y de sur a norte, tal cantidad de embarcaciones de recreo habría significado un problema para esta circulación, sin tener en cuenta que era la población egipcia la que se hacía cargo de los gastos de alojamiento, alimentación y agasajo de tan especiales viajeros. Cleopatra y César pudieron estar viajando por el Nilo entre dos y tres meses, dependiendo de los autores a los que leamos y cuando llegaron a la primera catarata se dieron la vuelta para regresar a Alejandría.


César y la reina de Egipto, obra de Giovanni Battista Tiépolo, siglo XVIII. Museo Arkhangelskoye, Moscú.

Podemos imaginarnos el cambio que supondría salir de Alejandría para adentrarse en Egipto, viajar hacia el sur era abandonar el mundo al estilo griego para adentrarse en el mundo egipcio tradicional y rural, considerado desde Alejandría como inferior, pero que tan cercano resultaba a la reina. Podemos intuir las numerosas paradas turísticas y religiosas que debió realizar la pareja a lo largo de su viaje. No debieron faltar las típicas paradas para ver las pirámides, los templos de Menfis, los Colosos de Memnón, el Valle de los Reyes y la isla de Filé. Incluso una visita al templo del dios Asclepio, que tenía por aquel entonces la reputación de ayudar a las mujeres a concebir, había que permanecer en el templo una noche para recibir la intervención divina en sueños y visiones. Cleopatra, como muchas otras mujeres de su época, quería garantizar su embarazo y que Cesarión naciera sin problemas. Es una pena que el relato sobre este viaje, escrito por Apiano en su Historia de Egipto, se perdiese ya en la antigüedad y que no llegase nunca a escribirlo Lucano en el Libro 10, a pesar de ser su intención, debido a su prematura muerte. Al faltarnos estos textos, donde se nos narraría el periplo, hemos perdido un gran testimonio para saber, entre muchos otros temas, cómo debió de sentirse Julio César ante aquellas maravillas realizadas cuando Roma aún ni existía. Sobre el relato de éste último sabemos que en su Libro II sería donde aparecería descrito el viaje, como él mismo dejó dicho en su Historia Romana libro II: «Pero mi historia de Egipto expondrá con mayor exactitud cómo sucedieron cada uno de estos hechos.» A Tebas probablemente llegarían en tres semanas y César, es de imaginar, que quedaría impresionado por el esplendor de las construcciones de ambos lados del Nilo, incluso puede que fuese el momento en que decidió trasladar uno de los obeliscos del templo de Luxor hasta Alejandría el cual se erigió cerca del foro y que hoy se encuentra en Londres, siendo conocido como «La aguja de Cleopatra». El viaje probablemente continuaría hasta Asuán y a la primera catarata podría haberse llegado en cuatro o cinco semanas. La intención de César era sobrepasar aquella y continuar el viaje, pero fue detenido, de nuevo hay una alusión a Alejandro Magno, esta vez en su epopeya en el Hífasis, por su propio ejército. La forma de atravesar la catarata, en realidad unos angostos rápidos, era tirando del gran buque desde tierra mediante maromas, la marcha sería forzada y agotadora, y el intenso calor de las jornadas sería asfixiante para un trabajo físico tan penoso que además, en teoría, debían realizar los soldados romanos no acostumbrados a ese tipo de trabajo; asimismo en mayo, que es cuando tendría lugar esta parte del viaje, el calor en Egipto es intenso debido a los vientos del sur, las temperaturas oscilan de una jornada a otra y estas pueden llegar a ser similares a las del verano durante cuatro o cinco días. César no consiguió cruzar la catarata, ni conocer las fuentes del Nilo pero sí pudo durante el viaje hacerse una idea de la riqueza y fertilidad del país, conocer todo lo posible sobre los indígenas y, muy importante, sobre las rutas comerciales que desde el Nilo llegaban, pasando por el puerto de Berenice, hasta la India, y otras como las rutas comerciales con Meroe, Napata y Etiopía por tierra. La expedición pacífica por el Nilo llegaría a Alejandría, de regreso, en junio, Cleopatra daría a luz a Cesarión a principios de julio; aunque hay autores que creen que por fuentes epigráficas coincidió con el día festivo de Isis, que era el 6 de septiembre. Si sobre el viaje hay dudas y especulaciones, lo mismo ocurre con la salida de César tras este viaje de Alejandría. Hay autores que creen que salió tras el parto de Cleopatra, otros como Bowman creen que la partida fue durante el embarazo, para Balsdon ni siquiera cuadran las fechas de todo el periplo. De Plutarco se puede interpretar que marchó a Siria tras el nacimiento («Dejó con esto por reina de Egipto a Cleopatra, que de allí a poco dio a luz un hijo, al cual los de Alejandría dieron el nombre de Cesarión, y marchó a la Siria.») Y Cicerón en una carta fechada el 47 a. C. se refiere a un evento que retuvo a César en Roma, podemos pensar que el final del embarazo de la reina. El tener a César lejos de Roma no gustaba a sus compatriotas que escribirían sobre el tema siglos después: «ella le habría retenido más tiempo en Egipto, o habría partido al momento a Roma con él», Suetonio «incluso se habría adentrado en Egipto hasta Etiopía». Para concluir quisiera replantear algunas de las preguntas que a lo largo de este trabajo han ido surgiendo y a las que he intentado dar respuesta. En primer lugar habría que preguntarse si debido a la naturaleza del matrimonio egipcio-helenístico, con sus propias características, se consideraría Cleopatra esposa de César y por lo tanto este se convertiría en el rey de Egipto, aunque fuese rey consorte, por lo tanto: ¿sería el viaje el sistema para mostrar a su marido la dote que ella aportaba al matrimonio? En segundo lugar, ¿cuánto tiempo tardaron en hacer el viaje?, ¿hasta qué lugar llegaron realmente? y ¿cuál fue el verdadero motivo de su regreso a Alejandría? No hay apenas discrepancias, entre los autores defensores del viaje, a los que ya hemos hecho referencia a lo largo del texto, sobre el instante que salen de Alejandría en su viaje por el Nilo, pero sí sobre el momento en que regresan a Alejandría y César parte hacia Siria. El viaje por el Nilo es una laguna que, por falta de documentación coetánea, no podremos llenar pero que es muy interesante analizar debido a todas las implicaciones políticas que debió tener. Como tantas otras veces ocurre, es triste no poder tener la visión egipcia de tal viaje, y tener que atenernos solo a lo que los autores romanos y griegos nos han legado.


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