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El sueño de la Esfinge


Estela de Tutmosis

Los ojos de la Esfinge de Guiza llevan más de 4500 años observándonos, faraón tras faraón, reinos e imperios han ascendido y caído a lo largo de este tiempo ante la eterna e impasible figura leonina. El devenir de los tiempos ha hecho estragos en ella, sin embargo, ahí está erguida sobre la fastuosa meseta de Giza protegiendo los más colosales monumentos del Antiguo Egipto, las pirámides de los faraones Jufu, Jafra y Menkaura. Y sobre ella hay una hermosa leyenda en la que un príncipe real ayuda a la Esfinge y ésta le da una enorme recompensa… Este príncipe se llamaba Tutmosis y era hijo del faraón Amenhotep II(ca.1427-1401 a.C.). Tutmosis no era su primogénito, por lo tanto no se trataba del príncipe heredero al trono de Egipto, ni siquiera era de los hijos más mayores del faraón, pues Tutmosis era uno de los últimos hijos de Amenhotep. Nada hacía pensar que el joven príncipe tuviera la más mínima posibilidad de convertirse en faraón en el futuro. Un día Tutmosis estaba de cacería en la zona de la meseta de Guiza, no muy lejos de la ciudad de Menfis. Ante él se levantaban esos antiguos monumentos que se remontaban al principio de los tiempos, cercanos al reinado de los dioses en la tierra. El sol apretaba con fuerza y sus compañeros de cacería se encontraba demasiado lejos como para darles alcance de una forma inmediata, por lo que decidió tumbarse a la sombra que proyectaba la cabeza de la gran esfinge que protegía la meseta y que se encontraba cubierta de arena hasta el cuello. Por entonces, las pirámides de Guiza tenían mil años y el abandono había traído la arena a amplios sectores de las antiguas necrópolis menfitas y la abundancia de animales salvajes. Pronto el príncipe entró en un reparador sueño en el que la esfinge le hablaba de forma muy clara… “Mi rostro te pertenece, mi corazón también. Sufro. La carga que pesa sobre mi me hará desaparecer. Sálvame, hijo mío. Si me quitas la arena que me cubre, haré de ti un rey”. Unos años después, la esfinge cumplió su palabra y Tutmosis fue coronado faraón, el faraón Tutmosis IV. Inmediatamente ordenó que fuera retirada la arena que cubría a la guardiana de las pirámides y que fuera restaurada. También ordenó que se colocara una enorme estela, fechada en el primer año de su Ascensión al trono, entre las patas delantera de ésta donde se contara la historia para que fuera conocida por todo el mundo y nunca olvidada. Texto de la Estela del Sueño: «Uno de aquellos días sucedió que el príncipe Tutmosis llegó de un viaje hacia la hora del mediodía. Tras tumbarse a la sombra de este gran dios, se sumió en un profundo sueño en el que vio cómo tomaba posesión de él en el preciso momento en que el sol alcanzaba el cénit. A continuación, vio cómo la Majestad de este noble dios hablaba a través de su propia boca del mismo modo en que un padre se dirige a su hijo, y decía: ‘Mírame, obsérvame, Tutmosis, hijo mío. Soy tu padre Horemakhet-Khepri-Ra-Atum. Te daré el trono de la tierra de los vivientes y llevarás la Corona Blanca y la Corona Roja sobre el trono de Geb, el heredero. La tierra será tuya en toda su extensión, así como cuanto ilumina el ojo del Señor de Todo. Recibirás provisiones abundantes del interior de las Dos Tierras y de todos los países extranjeros, así como una vida larga en años. Mi rostro lleva fijándose en ti desde hace muchos años; mi corazón te pertenece, y tú me perteneces a mí. Fíjate: estoy destrozado y mi cuerpo está en ruinas. La arena del desierto sobre la que solía estar ahora me cubre casi por completo. He estado esperando para que puedas hacer lo que está en mi corazón, pues sé muy bien que tú eres mi hijo y protector. Acércate: estoy contigo, yo soy tu guía’. Al finalizar el discurso, este príncipe miró fijamente, pues acababa de escuchar estas palabras del Señor de Todo. Después de entender las palabras de este dios, llevó el silencio a su corazón. A continuación, exclamó: ‘Venid, dirijámonos al templo de la población, donde tal vez dejen de lado las ofrendas a este dios. Nosotros le obsequiaremos con ganado y todo tipo de hortalizas, y dirigiremos nuestras oraciones a aquellos que nos precedieron…’». En la estela el faraón muestra su devoción, pero se adivina una intención política, para reafirmar su legitimidad poco clara. Se suma que es el mismo dios sol quien intercede bajo la forma de esfinge, adivinándose un interés en dar protagonismo a otro ente divino en detrimento del omnipresente Amón de cuyo todopoderoso clero el rey busca un distanciamiento, sugiriendo que empezaban a gestarse las bases que desembocarían en la revolución amarniense y el alzamiento del culto solar a Atón como único dios por su nieto Akenatón

Os dejamos a vuestra disposición, para saber más de la Esfinge, un documental que encontramos muy interesante https://www.youtube.com/watch?v=RdST8LF2-Ho


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