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Helena de Troya y Aquiles: su historia de amor en los Campos Elíseos



¿Quién no ha oído hablar alguna vez de la bella Helena? Era considerada hija de Zeus, quien transformado en cisne, sedujo a la mortal Leda y yació con ella. Helena fue reconocida por su belleza desde que era una niña y pretendida por muchos héroes debido a su gran belleza. Un día, siendo adolescente, mientras participaba danzando en un sacrificio en el santuario de Artemisa Ortia de Esparta, fue sorprendida y raptada por el héroe ateniense Teseo, que acabó liberándola tras tenerla cautiva varios años.

Cuando Helena llegó a la edad de casarse, tuvo muchos pretendientes que acudieron de toda Grecia, animados por la fama de su gran belleza y porque ella y su futuro esposo reinarían en Esparta. Tindáreo, temiendo provocar una guerra entre los pretendientes rechazados, siguió un consejo de Odiseo. A cambio, prometió a este su ayuda para conseguir a su sobrina Penélope como esposa.

El consejo de Odiseo consistía en arrancar a los pretendientes el juramento de acatar la decisión que se adoptase sobre quién sería el esposo de Helena y la obligación de acudir en auxilio del elegido si en algún momento su esposa le fuese seducida o raptada. Una vez realizado el juramento, Tindáreo eligió como marido de Helena a Menelao, hermano de Agamenón, rey de Micenas, que estaba casado con su otra hija, Clitemnestra. En otras versiones, fue la propia Helena la que eligió a Menelao.

Así Helena de Esparta se convirtió en la esposa de Menelao, quien gracias a este matrimonio se convirtió en rey de Esparta. Hasta que un día llegó a la corte espartana el bello príncipe troyano Paris y se la llevó con él, con lo que se convirtió en “Helena de Troya”. Aunque fue raptada, casi todos los autores aseguran que se fue con Paris por su propia voluntad, completamente enamorada de él. Este hecho acabaría estallando en la Guerra de Troya, ya que todos los caudillos griegos cumplieron con su juramento y zarparon a Troya con sus huestes.


Algunos autores narraron que cuando la pareja llegó a Troya fueron mal recibidos por el pueblo, pero los hermanos de Paris y la reina Hécuba la recibieron favorablemente. Otros afirmaban que todos los troyanos se enamoraron de Helena e incluso el rey Príamo juró que nunca la dejaría marchar. Se cuenta que, en Troya, Helena tuvo amores con el hermano de su raptor, el valeroso Héctor, y que se casó, poco después de morir Paris, con otro de sus hermanos: Deífobo. Aunque esto no es todo, otros autores antiguos relatan que, durante la guerra, Afrodita y Tetis concertaron un encuentro amoroso entre Helena y Aquiles.

La guerra terminó con el triunfo de la coalición aquea. Menelao mató a Deífobo y a punto estuvo también de matar a Helena, pero quedó deslumbrado y enamorado de nuevo por su hermosura y la perdonó. Algunos autores antiguos cuentan que fue la propia Helena la que mató a Deífobo y que Menelao perdonó a Helena cuando vio sus pechos desnudos. En cualquier caso acabó regresando con su marido Menelao, quien a causa de su belleza decidió no matarla, a pesar de que eso era lo que se solía hacer con las esposas adúlteras, y lo que reclamaban sus compañeros de armas. Tras un viaje de retorno accidentado en el que tuvieron que pasar una larga temporada en Egipto, ambos regresaron a Esparta, donde más tarde tendrían un hijo llamado Nicóstrato.


A la vista de sus diversos y tan variados amores, podemos preguntarnos con cuál de aquellos hombres viviría Helena en el otro mundo. La respuesta que dieron los mitólogos y los poetas fue que con ninguno de ellos, pues en la Isla de los Bienaventurados le esperaba el valeroso Aquiles. Aunque existen múltiples versiones acerca del destino final de Helena en la otra vida. En algunas de ellas, Helena acaba en los Campos Elíseos o a la isla de Leuce, en compañía de Aquiles, el más grande de los guerreros. Incluso existía una tradición que mencionaba que los dos se casaron​ y fruto de ese amor en la otra vida tuvieron allí un hijo que tenía alas, llamado Euforión. Este jóven, fruto del amor entre Helena y Aquiles, era algo arrogante, e intentó volar hasta el cielo pero Zeus lo atrapó y de un golpe lo derribó. Según otra versión, Zeus se enamoró de él pero su amor no fue correspondido. Euforión consiguió escapar de Zeus, pero el dios lo atrapó en la isla de Milos y lo golpeó con un rayo, matándolo. Además, prohibió enterrar a al joven. Sin embargo, las ninfas de la isla lo enterraron y se convirtieron en ranas por haber desobedecido a Zeus.


Sea como fuere, y en vista de los múltiples mitos y leyendas, parece claro que las narraciones más populares para los antiguos griegos era esa que unía en la otra vida a la más bella de las mujeres con el más valeroso de los guerreros. Así, lo que en la vida terrenal no pudo ser por capricho de los dioses, en los Campos Elíseos Helena vive por fin con su gran amor, Aquiles, con quien, se supone, sigue viviendo desde entonces.