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"Historias verdaderas", el primer libro de ciencia ficción: extraterrestres, guerras espaciales...


Historias Verdaderas Libro de la Grecia Antigua

Estamos ante una creación de unas cincuenta páginas escrita en el siglo II de nuestra era, dividida en dos partes y concebida como una sucesión de aventuras del tipo narrador-viajero que junto a los tripulantes de un barco emprenden una expedición a los desconocidos mares de Occidente para acabar navegando por el Cosmos, visitando la Luna y viendo las increíbles razas alienígenas que pueblan estos espacios siderales. En el “Libro I”, el protagonista habla en primera persona de su viaje a la Luna, mientras que en el “Libro II”, cuenta la visita al País de los Bienaventurados.


Aunque no sabemos apenas nada de su biografía debido a que las pocas fuentes de información que poseemos de él son generalmente consideradas ficticias, Luciano nació en Samósata, una ciudad situada a orillas del río Éufrates, en los límites orientales del Imperio Romano. Sabemos también que su lengua materna era el siriaco, un dialecto del arameo, y que durante su educación aprendió griego, la lengua culta y vehicular en la parte oriental del imperio. Con poco apego por la vida sedentaria, viajó por diversas zonas viendo mundo dando conferencias, visitando Grecia, Egipto, Italia y la Galia dedicándose a la sofística. De espíritu crítico y mordaz, que se mueve entre el cinismo y el estoicismo, Luciano fustiga con su ironía a los mitos y dioses y sobre todo a los filósofos pedantes y engreídos que sólo piensan en el dinero y en vivir del cuento. Siendo estos detalles un espejo de la época y la sociedad que le habían tocado vivir a Luciano. Una época en la que la religión tradicional grecorromana estaba en franco declive y su papel en la sociedad se había convertido prácticamente en ceremonial. Como sustituto de la religión tradicional, muchas personas en el mundo helenístico se unieron a cultos misteriosos, como los misterios de Isis, el mitraísmo, el culto de Cibeles y los misterios eleusinos, que intentaron llenar ese vacío que dejó una religión tradicional en la que pocos creían ya con devoción, aumentando en las gentes del siglo II la superstición y la superchería.


Guiado por su orientación escéptica, Luciano de Samósata apunta sus dardos contra un sector de los historiadores y cronistas clásicos, quienes recogían, en sus escritos, falsos testimonios relacionados con modos de vida, acontecimientos y personajes de los que supuestamente fueron testigos y conocieron durante sus travesías por países que no habían sido explorados por los antiguos griegos y romanos. Se refiere sobre todo a Heródoto y a Ctesias de Cnido:


[…] me orienté a la ficción, pero mucho más honradamente que mis predecesores, pues al menos diré una verdad al confesar que miento. Y, así, creo librarme de la acusación del público al reconocer yo mismo que no digo ni una verdad. Escribo, por tanto, sobre cosas que jamás vi, traté o aprendí de otros, que no existen en absoluto ni por principio pueden existir. Por ello, mis lectores no deberán prestarles fe alguna.


[Luciano de Samósata, 2007: 53]


En “Historia verdadera”, Luciano dirigió sus dardos principalmente hacia los historiadores, que según sus propias palabras no sólo introducían en sus escritos las invenciones más disparatadas, sino que incluso esperaban que los lectores se las creyeran. Así pues, en realidad lo que hace es elevar al máximo en cantidad y cualidad los disparates de los libros de historia o de narraciones mitológicas caricaturizándolos y haciéndoles imposibles de creer. Narraciones de este tipo son por ejemplo la Odisea de Homero, el Viaje de los Argonautas de Apolonio o las historias del propio Heródoto, el llamado "padre de la Historia", que debido a las fantasiosas y extrañas historias que narraba como supuesto testigo ocular era ya conocido por sus contemporáneos como "El padre de las mentiras". O Ctesias, que incluyen en sus Historias leyendas y mitos sin espíritu crítico alguno y sin verificar los testimonios, como en su obra Índica sobre su supuesta visita al subcontinente indio afirmó haber visto una raza de personas con una sola pierna, tan grande que podría usarse como paraguas. Con todo ello Luciano pretende divertir a sus cultos lectores.


La estrategia humorística del autor empieza a partir del nombre de su producto literario: Relatos verídicos (algunos autores lo traducen también como Historia verdadera), representa una burla dirigida a todos los narradores de peripecias autobiográficas que al comenzar sus obras siempre insisten en la veracidad de todo lo que cuentan. En contraposición, Luciano asegura que son falsos todos los episodios de su novela. La obra está compuesta como una lectura de entretenimiento o de evasión, donde desfilan figuras pintorescas en medio de escenarios fabulosos y remotos. Encontramos el típico viaje fabuloso a espacios inalcanzables, más allá de la geografía «realista», más allá del ámbito del mundo explorado en la época. En un barco que es levantado hacia el cielo por vientos huracanados, es así como los tripulantes de la embarcación se remontan a espacios siderales, visitan el Sol y la luna, luego el País de los Muertos, y recorre el cavernario interior de una gigantesca ballena durante varios días, además de pasar alguna temporada en países un tanto surrealistas, como la Ciudad de las Lámparas (Lichnópolis), la Isla del Queso o la Isla de los Sueños. Todas estas incursiones y exploraciones turísticas se acompañan con la descripción de fantásticos prodigios y seres estrafalariamente exóticos, como los Selenitas que como su nombre indica habitan en la Luna, o los Solares y toda una variopinta tropa de extraños combatientes interestelares. Seres híbridos como los Nefelocentauros o los Hipogipos, semivegetales como los Dendritas o las mujeres-viña, alternan con los Corchopodos, seres que gracias a sus pies de corcho flotaban en el océano sin problema. O los Falonautas, además de los múltiples crustáceos que pueblan el selvático interior de la ballena. Están también los Bucéfalos de cabeza bovina, un tanto tradicionales en la imaginería mitológica antigua, y esas vampiresas Onosquéleas, unas mujeres con piernas de asno que se encuentran en una pequeña isla. Estas monstruosas criaturas se alimentaban de los viajeros que pasaban por allí. Tales mujeres-asno son descritas hablando griego y, adornadas como heteras, salían al encuentro de los extranjeros para abrazarlos, llevándolos cada una a su casa. A continuación les ofrecían un banquete y los emborrachaban y se acostaban con ellos. Luego, les daban muerte mientras dormían. Ríos de vino y mares de leche, árboles que fructifican en copas de cristal para favorecer los brindis de los Bienaventurados, y redes interestelares que sirven de campos de batalla, decoran insólitas escenas. Luego están los monstruos de tamaño increíble, como la colosal ballena y el gigantesco pájaro (que más tarde volverá a encontrar otro famoso navegante, Simbad el Marino), y las continuas exageraciones en tamaño y en número de seres y conjuntos.

El libro, que hoy consideraríamos un relato largo, narra las aventuras del narrador y sus acompañantes, en un periplo naval que les lleva a diversas islas, más allá de las Columnas de Hércules. Entre sus primeras aventuras, se cuenta cómo un fuerte viento arranca al navío de la superficie del mar y lo lleva volando, por un espacio de siete días, hasta alcanzar una isla redonda y luminosa en el cielo que resulta ser la Luna.


Allí los griegos se unen a las huestes del rey lunar Endimión, que ha declarado la guerra al soberano del Sol, Faetón, por los derechos de colonización sobre la Estrella Matutina (Venus). Al más puro estilo de las futuras historias de ciencia ficción, podemos encontrar presente en esta obra el elemento alienígena. Luciano es el primer escritor de la Historia en presentar la figura del extraterrestre en una novela. Luciano describe en detalle las huestes selenitas y heliotas, que incluyen diversos seres fantásticos como los cabalgabuitres y los cabalgahormigas, o los plumaverdes (pájaros cubiertos por hojas de lechuga), pulgarqueros, gorrionbellotas o tallohongos, guerreros armados con tallos de espárragos y protegidos por setas como escudo. Unas arañas del tamaño de islas tejen el campo de batalla entre los astros, donde se enfrentan los dos ejércitos con sus respectivos aliados en un conflicto interplanetario en toda regla, adelantándose así Luciano a la famosa obra la Guerra de los Mundos en casi dos milenios.


“Entretanto, durante mi estancia en la Luna, observé muchas rarezas y curiosidades, que quiero relatar. En primer lugar, no nacen de mujeres, sino de hombres: se casan con hombres, y ni siquiera conocen la palabra «mujer». Hasta los veinticinco años actúan como esposas y, a partir de esa edad, como maridos. Y no quedan embarazados en el vientre, sino en la pantorrilla. A partir de la concepción, comienza a engordar la pierna; transcurrido el tiempo, dan un corte y extraen el feto muerto, pero lo exponen al viento con la boca abierta y le hacen vivir. A mi parecer, es de aquí de donde llegó hasta los griegos el término «pierna del vientre», porque allí se alberga el feto, en vez de en el vientre”.


[Luciano de Samosata, 2007: 62-63]


Luciano no escatima en detalles en su obra y nos narra también la sorprendente naturaleza de los selenitas o habitantes de la Luna, personajes con características antropomórficas y dotados de inteligencia. El protagonista toma nota de todo lo que afirma observar a su alrededor, y habla con asombro de las maravillas y extrañezas de las razas extraterrestres que habitan en el espacio con su increíble capacidad descriptiva e imaginativa:


"Pero voy a referirme a algo aún más sorprendente. Existe allí un linaje de hombres, los llamados «arbóreos», que nacen del modo siguiente. Cortan el testículo derecho de un hombre y lo plantan en la tierra; de él brota un corpulento árbol de carne, semejante a un falo: tiene ramas y hojas y su fruto son las bellotas, del tamaño de un codo; cuando están ya maduras, las recolectan y extraen de su interior a los hombres".


[Luciano de Samosata, 2007: 63]


Volando de regreso a la Tierra, el barco es engullido por una ballena gigante, y en su interior los griegos libran nuevas batallas con nuevos seres fantásticos que moran en su interior, antes de escapar matando al cetáceo al incendiar los bosques que se encuentran en su interior. La narración sigue un periplo que denota una fuerte influencia de la Odisea de Homero, en la que los griegos visitan diversas islas: una compuesta por queso, otra de corcho, con ríos de vino y nuevos seres a cual más estrambótico, llegando por fin a la isla de los bienaventurados, donde moran los héroes y sabios, lo que le vale a Luciano para seguir lanzando pullitas aquí y allá contra esos narradores fantasiosos.


Los peor parados, sin embargo, siguen siendo los historiadores, que están siendo castigados en las islas de los condenados por sus mentiras. Es aquí donde se narra los castigos a Ctesias de Cnido, al que deja colgando de sus vergüenzas, también se encuentra Heródoto, cuya obra ya era parodiada a menudo por la poca veracidad de sus escritos.


Las referencias satíricas a diversas obras son abundantes (y muchas se nos escapan por no haber llegado a nuestros días), empezando por la Ilíada y la Odisea (aunque para con Homero parece tener una especial consideración en deferencia por su talento poético… lo que no le libra de salir parodiado), y siguiendo por textos tan diversos como las Historias de Heródoto o “Las aves” de Aristófanes (frente a cuya ciudad pasan los viajeros en su periplo por los cielos). El episodio de la guerra entre los reyes del Sol y la Luna, en particular, se inspiró en uno similar en la extensa novela de Antonio Diógenes “Los prodigios más allá de Tule” (de la que sólo se conserva una sinopsis y unos breves extractos).

La influencia ejercida por Luciano en la literatura posterior es enorme e innegable, sobre todo a partir del Renacimiento con la resurrección de los clásicos grecolatinos. Será entonces cuando se empiece a traducir sus obras a los distintos idiomas europeos, aumentando así el conocimiento y los lectores de Luciano. Su sátira será tomada como modelo por autores como François Rabelais, autor de “Pantagruel” de 1532 y “Gargantúa” de 1534, Cyrano de Bergerac y su obra “Historia cómica de los estados e imperios de la Luna” de 1657, Voltaire con “Micromegas“ de 1752 y el que puede ser el más conocido por el gran público y que denota una gran influencia de Luciano, Jonathan Swift con su célebre obra “Los viajes de Gulliver” de 1726.


Por último hay que destacar que pese a reconocer el propio Luciano que su crónica es falsa, a medida que avanza la obra, Luciano acaba cometiendo el mismo error que achacaba a historiadores como Heródoto o Ctesias. Al narrar las peculiaridades de los habitantes de esos fantásticos mundos, el propio Luciano hace afirmaciones del tipo: “yo observé”, “yo fui testigo”, “yo vi”, “durante mi estancia en la Luna” como si a medida que va componiendo su obra, Luciano fuera absorbido por el relato fantasioso y se acabara metiendo en el papel de testigo que narra la historia de forma inconsciente.


BIBLIOGRAFÍA:


Relatos verídicos, de Luciano de Samósata. Obras I, Editorial Gredos, S.A, Madrid, 2007.


Relatos Fantásticos (Carlos García Gual, Jaime Curbera, Marisa del Barrio, Jorge Bergua, Marisa del Barrio, trad.). Madrid: Alianza Editorial.


Lo mejor de la ciencia ficción II, Isaac Asimov. Ediciones Martínez Roca, S.A, Barcelona 1983.

El Sueño o la Astronomía de la Luna, de Johannes Kepler.


Acerca de los "Relatos verídicos" de Luciano de Samósata como un antecedente de las novelas de ciencia-ficción, de Carlos García Gual


Lo mejor de la ciencia ficción II, de Asimov, Isaac. Ediciones Martínez Roca, S.A, Barcelona 1983.