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La antigua creencia cristiana de que las pirámides eran los graneros del bíblico José


Pirámides de Guiza de David Roberts (1846)
Pirámides de Guiza de David Roberts (1846)

Hace unos años, el que fuera candidato a las primarias del partido republicano para la presidencia de Estados Unidos, Ben Carson, causaron gran revuelo en las redes y en los medios de información tras unas polémicas declaraciones sobre el origen de las pirámides del Antiguo Egipto. Según él, estos monumentos no son tumbas de faraones, sino grandes graneros en donde se conservaba el grano y que fueron construidas por el bíblico José. Aunque la teoría de los extraterrestres para explicar la construcción de las pirámides es la más difundida, existen muchas otras vinculadas con la construcción y el uso que se le dio a estas magníficas construcciones. Una de las más antiguas y que demuestra que ya hace siglos la gente se preguntaba cómo era posible que existieran tales maravillas es la del granero. Esto, que puede parecer una teoría disparatada de estos tiempos posmodernos, llenos de pseudohistoria y teorías conspirativas que nos ha tocado vivir no es más que una resurrección de una antigua idea hace mucho formulada y que llegó a ser muy popular.


Pero, ¿de dónde proviene la teoría de la pirámide-granero?


Los primeros comentaristas cristianos del Génesis nunca asociaron los graneros de José con las pirámides de Egipto. Se pensó que la fuente original de esta teoría era la comunidad judía de Alejandría. En cuanto a la idea de que José fue el autor de estos graneros, al principio se pensó que se debía a los judíos alejandrinos, que siempre se mostraron muy celosos de vincular la historia de Egipto con la de ellos, y de que los hebreos desempeñaron un papel importante en este país. Sin embargo, la primera evidencia real del uso de la frase se encuentra en las primeras narraciones de viajeros cristianos, no de judíos.


En los primeros siglos de la Edad Media, la expansión del Islam por el Levante mediterráneo propició la ruptura y desconexión de la Europa cristiana con el Oriente musulmán. Egipto, que cayó del lado musulmán, empezó a convertirse en una zona exótica e intrigante a los ojos de los europeos. Hacía tiempo ya que el conocimiento sobre el antiguo idioma jeroglífico se había perdido en las brumas de lo desconocido, lo que unido a la ignorancia y desconocimiento por la cultura del Antiguo Egipto dio como resultado que ante edificaciones colosales de tal magnitud, los europeos empezaran a preguntarse por el origen de tan magníficas construcciones. Pocos europeos, muy pocos, podían viajar a Egipto, generalmente comerciantes. Desde la ya gran ciudad de El Cairo, un comerciante europeo podía divisar sin ningún tipo de problema las grandiosas y enigmáticas pirámides de Guiza. De vuelta a casa estos comerciantes probablemente narrarían a todo aquel que quisiera escucharlos u descripción de esas misteriosas construcciones piramidales que podían verse desde gran distancia. Buscando explicaciones los europeos de esa época echaron mano del que para la época era considerado el libro de historia más fiable y que narraba acontecimientos antiquísimos: la Biblia. El hecho de que Egipto sea uno de los escenarios más recurrente en los relatos de la Biblia llevó a muchos europeos a interpretar esas grandes construcciones en clave bíblica, así pues, se buscaba explicación en los textos sagrados de la Biblia buscando algún tipo de vinculación entre lo visto en Egipto y los textos bíblicos. Y entonces fue cuando se toparon con un relato que podía encajar con las pirámides. En el Antiguo Testamento, uno de los relatos más populares es el de José, hijo del patriarca Jacob, es vendido como esclavo por sus hermanos, el pobre José acaba en Egipto donde se hará famoso por ser un excelente interpretador de los sueños y su significado. Así pues, José acabará interpretándole los sueños al faraón, quien sorprendido le nombrará virrey de Egipto para ayudar a los egipcios a sobrevivir una hambruna de siete años. Y lo hace mediante el almacenamiento de grano en los siete años fecundos que preceden a la hambruna. Si bien es cierto que no se mencionan las pirámides en la versión bíblica, la imaginación europea de la Edad Media empezó a incorporar el elemento piramidal como granero al relato. Por ello, resulta fácil caer en la tentación de pensar que esos grandes edificios debían ser a la fuerza el granero de José. Uno de los primeros que inmortalizó por escrito esta teoría fue Gregorio de Tours, santo para la Iglesia Católica, quien en el siglo VI escribió en su “Historia de los francos”:


"(Las pirámides) son anchas en la base y angostas en la punta para que el trigo pueda echarse a través de una pequeña abertura superior, y estos graneros se ven hasta nuestros días".


José almacenando el grano en las pirámides. Basílica de San Marcos en Venecia (1275)
José almacenando el grano en las pirámides. Basílica de San Marcos en Venecia (1275)

Con el paso de los siglos, las visitas a Egipto se fueron haciendo frecuentes por parte de venecianos, quienes en la catedral de San Marcos de Venecia se encuentra una representación pictórica medieval de la historia de José que muestra a la gente usando la gran pirámide de Guiza como granero. También los cruzados, quienes popularizaron aún más la teoría de las pirámides como graneros aunque ya la guía de viajes de Juan de Mandeville, un diario de viaje muy popular en el siglo XIV, ya reconocía que “hay quien dice que eran tumbas para los grandes señores de la antigüedad”, este argumentaba en contra diciendo que, de ser eso cierto:


“no estarían vacías ni tendrían entradas ni serían tan grandes y altas”.


Efectivamente, la monumentalidad de la construcción funeraria egipcia no cuadraba con la mentalidad y los enterramientos cristianos. Parece que esta teoría empezó a perder fuerza ya durante el Renacimiento, cuando se comenzaron a hacer estudios más detallados sobre las pirámides. En el siglo XVI, la mayoría de los visitantes que dejaron relatos argumentan en contra de la idea de que las pirámides fueron originalmente graneros construidos por el patriarca José, si es que lo mencionan. Muchos de los visitantes inspeccionaron las ruinas con bastante atención, a menudo entrando en la gran pirámide, en lugar de simplemente verlas desde la distancia. El viajero francés Greffin Affagart (señor de Courteilles) visitó las pirámides en 1533 y señaló que "algunos los llaman los graneros del faraón, pero esto es incorrecto porque no son huecos por dentro, más bien son sepulcros de algunos reyes de Egipto." El explorador y naturalista francés Pierre Belon de Mans, un observador atento, registra en 1546 que la gran pirámide "era el sepulcro del rey de Egipto". Otro explorador francés André Thevet, que visitó tres años después escribe:


"Los judíos me han dicho muchas veces que encuentran en sus Crónicas que estas pirámides eran el soporte de los graneros del Faraón: eso no es probable... son sepulcros de reyes como aparece en Herodoto... ya que vi en una pirámide una gran piedra de mármol tallada a la manera de un sepulcro".


Finalmente, en el siglo XVII, John Greaves, profesor de astronomía en Oxford, publicó el primer trabajo verdaderamente científico sobre las pirámides, Pyramidographia (1646). Cita a muchos de los autores antiguos mencionados anteriormente, y descarta las etimologías erróneas que producen nociones de "receptáculos y graneros", y llama la atención sobre el hecho obvio "de que esta figura es muy impropia para tal propósito, siendo una pirámide la el menos espacioso de cualquier cuerpo matemático regular, la estrechez y la escasez de las habitaciones dentro (el resto del edificio es una estructura de piedra sólida e íntegra) invalidan por completo esta conjetura". La idea ya no podía sostenerse de manera creíble, aunque durante más de un milenio había sido la teoría reinante entre los viajeros europeos.

Pero será en el siglo XIX, con el nacimiento de la egiptología y la recuperación del significado de los signos jeroglíficos cuando se descarte completamente esta teoría con fuerte vinculación bíblica. A pesar de eso aún hay mucha gente que influenciada por sus creencias religiosas dan todavía credibilidad a esta disparatada teoría. Pero el gran error que todo el que defiende la teoría de la pirámide-granero es dar por seguro que las pirámides están huecas por dentro.

Los principales materiales internos de las pirámides son piedra y ladrillo. No queda mucho espacio para el grano y diseñar graneros así hubiera representado un descomunal despilfarro de fuerza e ingeniería, aparte de que el interior de la pirámide, lejos de estar hueco, es pequeño y estrecho. Además, sabemos que los antiguos graneros que construían los egipcios eran pequeños y solían tener una estructura similar a la de las colmenas. No tendría sentido levantar graneros monumentales y gigantes, tampoco hay manera de que el grano pudiese almacenarse en una estructura como esa, sería totalmente poco práctico e improductivo, por no comentar que sería imposible en una construcción como la pirámide evitar que se llenara de pequeños roedores que se darían un gran festín con tanto grano acumulado. O por ejemplo que tal cantidad de grano sería tan pesada que ese colosal peso haría polvo los granos de trigo situados en la parte baja.


Representación de los antiguos graneros egipcios de Tebas
Representación de los antiguos graneros egipcios de Tebas

El antiguo Egipto tenía una de las economías agrícolas más exitosas y estables del mundo antiguo, y tenía un sistema e instalaciones para el almacenamiento de granos: los graneros más grandes se adjuntaban a los templos y palacios, mientras que los más pequeños estaban dispersos dentro de la ciudad. Básicamente, había dos tipos, uno con una base circular y el otro con una cuadrada o rectangular. Los graneros circulares tenían forma de colmena y tenían unos 5 metros de altura y 2-3 metros de diámetro. El grano fue agregado a través de una puerta en la parte superior por hombres parados en escaleras, y fue retirado cuando fue necesario de una puerta similar cerca de la parte inferior. Muy a menudo, estos almacenes de colmenas estaban en grupos de cinco o seis y se colocaban en un recinto amurallado. El estilo rectangular del granero se construyó con principios similares, y aunque las paredes laterales se inclinaban gradualmente hacia la parte superior, donde había un techo plano, nunca tuvieron una verdadera forma piramidal.

Pero la historia bíblica de José, si damos por cierta su existencia histórica y la cronología bíblica, se situaría en los tiempos del Imperio Medio, varios siglos después de que se construyeran las pirámides de Guiza, que son del Imperio Antiguo.


FUENTES:


Murray, MA (2000). "Producción y transformación de cereales". En Materiales y tecnología del antiguo Egipto , ed. PT Nicholson e I. Shaw, 505-36. Cambridge: Cambridge University Press


Fodor, A. (1970). "Los orígenes de las leyendas árabes de las pirámides". Acta Orientalia Academiae Hungaricae


Edwards, IES (1972). Las pirámides de Egipto . Nueva York: The Viking Press.


Wilkinson, John (2002). Peregrinos de Jerusalén antes de las Cruzadas , 2ª ed. Warminster: Aris y Phillips


Higgins, Iain Macleod (traducción) (2011). El libro de John Mandeville con textos relacionados . Indianápolis: Hackett Publishing Company