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La democracia ateniense y el triunfo de la mediocridad

El siglo V a. C. marca el cénit de Atenas como centro de la literatura, la filosofía y las artes. Algunas de las figuras más importantes de la historia cultural e intelectual occidental vivió en Atenas durante ese período. Dramaturgos como Esquilo, Aristófanes, Eurípides y Sófocles, filósofos como Sócrates, Platón y Aristóteles, historiadores de la talla de Heródoto, Tucídides y Jenofonte, el poeta Simónides de Ceos y el escultor Fidias. El gobernador de ese período era Pericles, que mandó construir el Partenón y otros grandes monumentos de la Atenas clásica. La ciudad se convirtió, en palabras de Pericles, en “la escuela de Grecia”.

Sus valores y su civilización se extendieron más allá de los límites geográficos de la ciudad y se hicieron universales. El pensamiento político, el teatro, las artes, la filosofía, la ciencia, la arquitectura y tantos otros aspectos del pensamiento llegaron a su épico apogeo en una coincidencia temporal; con una plenitud intelectual únicas en la historia de la humanidad, ampliamente conocida como la cuna de la civilización occidental, y la cuna de la democracia.


Sin embargo, no era oro todo lo que relucía. Con el inicio de la Guerra del Peloponeso contra Esparta y la muerte de Pericles, líder de la democracia ateniense, Atenas se vio arrastrada al abismo por demagogos y populistas. Estos, explotaron hábilmente las pasiones patrioteras y las ambiciones hegemónicas de los atenienses, a la vez que también contribuyeron con la polarización de la sociedad. La calidad democrática e intelectual bajó considerable y se dieron casos de condena a muerte o al exilio (ostracismo) contra algunos de los más brillantes habitantes de la ciudad ática. A continuación, algunos ejemplos de genios que fueron “devorados” por el monstruo de la democracia ateniense.


SÓCRATES



(470 a. C. - 399 a. C.)​ fue un filósofo clásico griego considerado como uno de los más grandes, tanto de la filosofía occidental como de la universal. Sócrates es una figura principal de la transformación de la filosofía griega en un proyecto continuo y unificado. Se le considera el padre de la filosofía política, de la ética y es la principal fuente de todos los temas importantes de la filosofía occidental en general; quizás su contribución más importante al pensamiento occidental es su modo dialéctico de indagar, conocido como el método socrático o método de «elencos», el cual aplicaba para el examen de conceptos morales clave, tales como el bien y la justicia.

Pasó gran parte de su vida generando discusiones con todo el mundo en Atenas, tratando de determinar si alguien tenía alguna idea de lo que estaba hablando, especialmente cuando el tema tratado era importante, como la justicia, la belleza o la verdad. No dejó ningún escrito, pero inspiró a muchos discípulos. En su vejez, se convirtió en el foco de la hostilidad de muchos de la ciudad quienes veían a los sofistas y a la filosofía como los destructores de la piedad y moral de la ciudad y fue acusado en el 399 a. C. de introducir nuevos dioses y corromper la moral de la juventud, alejándola de los principios de la democracia. Por el contrario, Sócrates se manifestó devoto de los dioses, y no pretendía introducir nuevas deidades, a lo que manifestó:


“¿Cómo podría yo introducir nuevos dioses por decir que una voz divina se me manifiesta para indicarme lo que hay que hacer? [...] Por otro lado, que la divinidad sabe de antemano lo que va a suceder y que lo anuncia con señales a quien quiere, tal como yo lo digo, lo dicen también todos y lo creen. Pero mientras estos llaman, augurios, voces, coincidencias y adivinos a los que les anuncian las señales, yo lo llamo genio divino y pienso que al llamarlo así, me expreso de manera más veraz y piadosa que los que atribuyen a las aves el poder de los dioses”.


Juzgado por un tribunal compuesto por ciudadanos voluntarios, la defensa del propio Sócrates fue una valiente reivindicación de toda su vida. Fue condenado a muerte, aunque la sentencia sólo logró una escasa mayoría. De acuerdo con la práctica legal de Atenas, Sócrates hizo una réplica irónica a la sentencia de muerte del tribunal proponiendo pagar tan sólo una pequeña multa dado el escaso valor que tenía para el Estado un hombre dotado de una misión filosófica. También se hace mención que Sócrates pidió jocosamente que se lo podría condenar sencillamente «invitándole a comer en los banquetes comunales», en alusión a que estos eran deplorables. Tanto una como otra, enfadaron tanto al jurado que este volvió a votar a favor de la pena de muerte por una abultada mayoría.

Los seguidores de Sócrates le recomendaron huir, lo cual era esperado, pero él se negó por principios. Por coherencia con su propia filosofía de obediencia hacia las leyes, llevó a cabo su propia ejecución bebiendo cicuta.​ Así, se convirtió en uno de los primeros “mártires” intelectuales.

Esta condena a muerte pesaría mucho sobre el prestigio de la ciudad ateniense. Años después, cuando Alejandro murió en 323 a. C., Atenas se volvió un lugar incómodo para los macedonios como era el caso de Aristóteles, que por entonces ejercía de profesor en El Liceo de Atenas. Se vio obligado a huir de la ciudad “para no dejar que Atenas pecara dos veces contra la filosofía" clara alusión a la condena ateniense contra Sócrates. Aristóteles dejó Atenas y se estableció a Calcis, en la isla de Eubea, donde murió poco después.



MILCÍADES



(550 a. C. - 488 a. C.), fue un político y general ateniense de la familia de los Filaidas, arconte epónimo de Atenas en 524 a. C., gobernador del Quersoneso tracio, y comandante del ejército ateniense durante la batalla de Maratón en el año 490 a. C.

Aumentado su prestigio por la victoria en la batalla de Maratón, convenció a los atenienses de zarpar y atacar la isla de Paros en la primavera del 489 a. C. Es posible que Milcíades, privado de sus posesiones en el Quersoneso, deseara imperar en otro lugar. Atracó la flota ateniense en la bahía al norte de Paros. Se dirigió por tierra hasta la capital de la isla del mismo nombre, situada en la costa occidental, y exigió a los parios mediante un heraldo cien talentos (unos 2590 kg de plata, cantidad exorbitante que permite pensar que, por estas fechas, la isla constituía el centro neurálgico del comercio insular de Mar Egeo) y que de no pagar los aniquilaría. Los parios, al amparo de la noche doblaron la altura de las murallas más expugnables.


Una noche tuvo lugar un incendio en un bosque. Los parios y los atenienses creyeron que los marineros persas estaban haciendo señales. Los parios abandonaron toda idea de rendirse y Milcíades ante la posible aparición de la flota persa hizo quemar las obras que cercaban Paros. Milcíades aconsejado por una cautiva paria, profanó durante la noche, el santuario de Deméter Tesmófora, con la esperanza de que los parios se desmoralizasen al enterarse de la profanación o de la desaparición de algún objeto sagrado (tal vez el robo del Paladio de la ciudad, estatua milagrosa de una divinidad que hacía invencible a la comunidad que la poseía. Al saltar precipitadamente el muro del templo se golpeó la rodilla, que le produjo una herida que se le infectó. Dado su mal estado de salud, emprendió la vuelta a Atenas tras 27 días de asedio, sin los cien talentos y sin haber conquistado Paros


Los atenienses lo acusaron de traición y de ser sobornado por los persas para abandonar Paros. Milcíades, enfermo, por las heridas recibidas, fue defendido por sus amigos. El pueblo le absolvió de la pena de muerte, por su triunfo en Maratón y por la conquista de Lemnos, pero se le impuso una multa por un importe de 50 talentos (unos 1295 kg de plata). Por no haber podido pagar esta multa al contado fue encerrado en prisión, muriendo después del juicio a causa de la pierna gangrenada.


TEMÍSTOCLES


(525 a. C. - 460 a. C.) fue un político y general ateniense. Miembro de la nueva generación de políticos que ganó preponderancia durante los comienzos de la democracia ateniense. Temístocles era cercano al pueblo, y gozaba del apoyo de las clases bajas atenienses, lo que, en general, lo enfrentaba a la nobleza. Elegido arconte en 493 a. C., tomó una serie de medidas para acrecentar el poder naval de Atenas, algo que se convertiría en un recurrente durante toda su carrera política. Combatió en Maratón durante la Primera Guerra Médica, siendo uno de los diez generales atenienses mencionados por Heródoto.

Los años posteriores a Maratón, y previos a la Segunda Guerra Médica, se convirtió en el político más prominente de Atenas. Abogó por la creación de una poderosa armada, y en 483 a. C. persuadió a los atenienses para construir una flota de 200 trirremes, que demostraría ser crucial en el conflicto venidero. Durante la segunda invasión persa, poseía el mando efectivo de la marina aliada griega, durante las batallas de Artemisio y Salamina. Gracias a un subterfugio de Temístocles, los aliados se encontraron en posición ventajosa en Salamina, y consiguieron la decisiva victoria que representaría el punto de inflexión de la guerra, que finalizaría al año siguiente con la derrota persa en Platea.

Cuando finalizó el conflicto, Temístocles seguía gozando de preeminencia sobre el resto de políticos atenienses. Sin embargo, se ganó la hostilidad espartana al ordenar la reconstrucción de los Muros Largos de Atenas. Su creciente arrogancia comenzó a hacerlo sentir ajeno al resto de sus conciudadanos.


Temístocles había comenzado a acumular enemigos, y se había hecho arrogante, del mismo modo que sus ciudadanos se mostraban más celosos de su prestigio y poder.​ Los espartanos trabajaron activamente en su contra, apoyando a Cimón (hijo de Milcíades) como su rival. Además, tras la traición y desgracia del general espartano Pausanias, los lacedemonios intentaron implicar a Temístocles en el complot. El ateniense, no obstante, fue absuelto de los cargos.​ En la misma Atenas, perdió adeptos con la construcción del santuario de Artemisa, con el epíteto Aristoboulë («del buen consejo») cerca de su hogar, como patente referencia a su propio rol en liberar a Grecia de la invasión persa.​ Al final, en 472 o 471 a. C. fue condenado al ostracismo. Este hecho por sí mismo no implicaba que Temístocles hubiera hecho algo incorrecto: el ostracismo, en palabras de Plutarco:


“No era un castigo, sino un modo de pacificar y aliviar los celos, que buscan la humildad de los eminentes, para que purguen su malicia durante este periodo”

Plutarco, Vidas Paralelas: Temístocles, XXII


Temístocles marchó primero al exilio en Argos.​ Percibiendo que disponían de una oportunidad única para hundir a Temístocles, los espartanos resucitaron las acusaciones sobre él de complicidad en la traición de Pausanias. Exigieron que fuera juzgado por el 'Congreso de los Griegos', y no por el ateniense, aunque parece que finalmente fue llamado de vuelta a Atenas para defenderse de los cargos.​ Quizá sospechando que tenía pocas esperanzas de sobrevivir a este juicio, Temístocles huyó, primero a Córcira y luego ante Admeto de Epiro, rey de Molosia. La huida de Temístocles sólo sirvió para convencer a los acusadores de su culpabilidad, siendo declarado traidor en Atenas, y sus propiedades confiscadas.​ Es digno de mención que tanto Diodoro como Plutarco consideraban los cargos falsos, creados únicamente con el propósito de destruir a Temístocles.​ Los espartanos enviaron embajadores ante Admeto, amenazándole con una guerra con el resto de Grecia a menos que les entregara a Temístocles.​ No obstante, Admeto permitió que Temístocles escapara, dándole una cuantiosa suma de oro para ayudarle en su camino.​ Temístocles huyó de Grecia, para no volver jamás, acabando así con su carrera política.


ALCIBÍADES



(450-404 a. C.) fue un estadista, orador y general ateniense, miembro de la familia aristocrática de los Alcmeónidas, que tuvo un papel destacado en la política ateniense durante la segunda fase de la guerra del Peloponeso como consejero estratégico, comandante y político. Durante el transcurso de la guerra del Peloponeso, Alcibíades cambió su lealtad en varias ocasiones. En su Atenas nativa, a principios de los años 410 a. C., defendió una política exterior agresiva y fue un destacado defensor de la expedición a Sicilia, pero huyó a Esparta cuando sus enemigos políticos presentaron cargos de sacrilegio contra él. En Esparta sirvió como consejero estratégico, proponiendo o supervisando importantes campañas contra Atenas. En Esparta, sin embargo, a Alcibíades también le surgieron poderosos enemigos y se vio obligado a desertar a Persia. Allí fue consejero del sátrapa Tisafernes hasta que sus aliados políticos atenienses lograron su restitución. Fue general durante varios años más, pero sus enemigos consiguieron exiliarle por segunda vez. Las capacidades militares y políticas de Alcibíades resultaron ser a menudo muy valiosas, teniendo un papel crucial en la serie de victorias atenienses que llevaron a Esparta a solicitar finalmente la paz con Atenas. Eligió tácticas poco convencionales, a menudo ganando ciudades a través de la traición o la negociación en lugar del asedio.

Fue general al mando de la flota ateniense en la batalla de Notio de 406 a. C. en la que Alcibíades, dejó a su timonel, Antíoco, al mando de la flota ateniense, que estaba bloqueando a la flota espartana en Éfeso. En violación de sus órdenes, Antíoco intentó atraer a los espartanos a la batalla tentándolos con una pequeña fuerza como señuelo. Su estrategia fracasó, y los espartanos bajo el mando de Lisandro, consiguieron una pequeña victoria, pero simbólicamente importante, sobre la flota ateniense. Esta victoria tuvo graves consecuencias para Alcibíades. La derrota de Notio provocó la caída de Alcibíades de la escena política ateniense, abandonando para siempre Atenas, a la que no regresaría jamás.

Pero en los estertores de la Guerra del Peloponeso, Alcibíades volvería a aparecer para intentar salvar a los atenienses. Aunque Alcibíades ya no estaba al mando, en el último hecho atestiguado de su carrera,​ intentó, inútilmente, advertir a los atenienses del desastre que se avecinaba: la flota estaba estacionada en una playa, en un sitio estratégicamente desventajoso y lejos de cualquier ciudad donde encontrar provisiones. Les aconsejó, ya que se aprovisionaban en Sestos, que trasladaran allí la flota, donde además disponían de un puerto. Pero no hicieron caso. Los atenienses “pensando que en caso de derrota podrían ser considerados culpables y que en caso de victoria podría serle atribuida a Alcibíades”, desoyeron sus consejos y lo expulsaron.​ Días después la flota sería aniquilada por el espartano Lisandro en la batalla de Egospótamos, que acabaría con la guerra con una Atenas derrotada rindiéndose a sus enemigos espartanos.


TUCÍDIDES



El genial historiador y general ateniense (460 a. C. - 396 a. C.) famoso por su gran obra “Historia de la guerra del Peloponeso” en la que relata la guerra del siglo V a. C. entre Esparta y Atenas hasta el año 411 a. C. Tucídides ha sido apodado por l crítica histórica como el padre de la " historia científica " por aquellos que aceptan sus afirmaciones de haber aplicado estrictos estándares de imparcialidad y recopilación de pruebas y análisis de causa y efecto, sin hacer referencia a la intervención de las deidades, como se describe en su introducción a su trabajo.

Tucídides desarrolló una magnífica comprensión de la naturaleza humana para explicar el comportamiento en crisis como plagas, masacres y guerras civiles.

También se le ha llamado el padre de la escuela del realismo político, que ve el comportamiento político de los individuos y los resultados subsiguientes de las relaciones entre estados como en última instancia mediado y construido sobre las emociones del miedo y el interés propio. Su texto todavía se estudia en universidades y colegios militares de todo el mundo. Sus obras se consideran una obra fundamental de la teoría de las relaciones internacionales, mientras que su versión de la oración fúnebre de Pericles es ampliamente estudiada por teóricos políticos, historiadores y estudiantes de los clásicos.

El inicio de su caída en desgracia comenzó en el 424 a. C., mientras se desarrollaba la primera fase de la guerra del Peloponeso, la denominada guerra arquidámica. Tucídides fue elegido como uno de los estrategos de la ciudad de Atenas y se le confió el mando de una flota encargada de romper el asedio de Anfípolis, conquistada por Atenas trece años antes (437 a. C.). Fracasó en dicho intento, y como la ciudad cayó en manos del general espartano Brásidas. Anfípolis tenía una importancia estratégica considerable y la noticia de su caída causó gran consternación en Atenas. Se culpó a Tucídides, aunque afirmó que no era culpa suya y que simplemente no había podido llegar a tiempo, por lo que fue condenado al exilio durante veinte años:

“Fue mi destino ser un exiliado de mi país durante veinte años tras mi mando en Anfípolis; y, estando presente con ambas partes, y en especial con los peloponesios por causa de mi exilio, tuve tiempo libre para observar los asuntos de manera particular.”

(Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso V. 26)

Utilizando su condición de exiliado de Atenas, pudo viajar libremente por tierras de los aliados proespartanos de la Liga del Peloponeso. Será este hecho lo que le brindará la oportunidad de obtener una información contrastada y bastante completa, procedente de los dos bandos en conflicto, el ateniense y el espartano, que utilizará para la composición de la Historia de la guerra del Peloponeso, en la que narra los acontecimientos ocurridos entre el año 431 a. C. y el 411 a. C. Se cree que volvió del exilio al terminar la guerra, aunque algunos investigadores modernos niegan esa hipótesis.


ANAXÁGORAS



(500 - 428 a. C.) Anaxágoras describió el mundo como una mezcla de ingredientes primarios imperecederos, donde la variación material nunca fue causada por la presencia absoluta de un ingrediente en particular, sino más bien por su preponderancia relativa sobre los otros ingredientes; en sus palabras, "cada uno es... más manifiestamente aquellas cosas de las que más hay en él". Introdujo el concepto de Nous (Mente Cósmica) como una fuerza ordenadora, que movía y separaba la mezcla original, que era homogénea, o casi.

Entre sus alumnos se encontraban el estadista griego Pericles, Arquelao, Protágoras de Abdera, Tucídides, el dramaturgo griego Eurípides, y se dice que también Demócrito y Sócrates. El propio Pericles aprendió a amarlo y admirarlo, y el poeta Eurípides achacaba a su maestro su entusiasmo personal por la ciencia y la humanidad.

Guiado por un su espíritu puramente científico, dio una serie de novedosos relatos científicos sobre los fenómenos naturales. Dedujo una explicación correcta de los eclipses y describió al Sol como una masa ardiente más grande que el Peloponeso, además de intentar explicar los arcoíris y los meteoros.

Conocedor de las doctrinas de Anaxímenes, Parménides, Zenón y Empédocles, Anaxágoras había enseñado en Atenas durante unos treinta años cuando se exilió tras ser acusado de impiedad al sugerir que el Sol era una masa de hierro candente y que la Luna era una roca que reflejaba la luz del Sol y procedía de la Tierra. Marchó a Jonia y se estableció en Lámpsaco, donde murió.



PROTÁGORAS



Protágoras (485 a. C.- 411 a. C.) fue un pensador viajero, celebrado y necesitado allí donde fuera. Vivió durante largas temporadas en Atenas, donde fue conocido de Sócrates y amigo de Pericles. Viajó a Sicilia y a otras ciudades de Asia Menor en funciones de maestro de retórica y conducta, recibiendo a cambio cantidades notables de dinero

Bajo el mecenazgo de Pericles, Protágoras tuvo gran prestigio entre los atenienses, el cual se vio reflejado en el hecho de que le encargaran la redacción de una constitución para la nueva colonia de Turios,​ en el año 443 a. C.; texto que estableció, por primera vez, la educación pública y obligatoria.


La filosofía de Protágoras encajaba bien con las ideas del círculo gobernante liderado por Pericles, dentro del cual el agnosticismo del sofista no generaba rechazo; pero una vez muerto Pericles, los nuevos líderes de la ciudad dejaron de lado la actitud tolerante.


Diógenes Laercio afirma que los problemas comenzaron para el sofista cuando leyó, en casa de Eurípides, su libro Sobre los dioses,​ en el cual señalaba desconocer la existencia o inexistencia de seres divinos. A raíz de ello fue acusado de impiedad por Pitidoro, hijo de uno de los Cuatrocientos. Filóstrato señala que no está claro si hubo o no un proceso para llegar a la condena,​ que algunos dicen que fue el destierro​ y otros, la muerte. En todo caso, se ordenó que sus obras fueran quemadas. Algunos estudiosos sitúan tales acontecimientos en torno al año 416 a. C., en vísperas de que la flota ateniense marchara en expedición contra Siracusa, mientras que otros los encuadra durante el gobierno de los Cuatrocientos, en 411 a. C.


Ya sea para huir de la pena de muerte,​ o en cumplimiento de la orden de destierro, Protágoras se embarcó rumbo a Sicilia. A mitad del viaje el barco zozobró, a causa de lo cual el sofista murió ahogado.​ La mayoría de las fuentes señalan que contaba con 90 años,​ si bien hay algunas que refieren la edad de 70.


FÍDIAS



Fidias (500 a. C.- 431 a. C.) fue el más famoso de los escultores de la Antigua Grecia. Vivió en la época de Pericles, que fue su principal protector y le encargó la dirección de su gran proyecto de la reconstrucción de la Acrópolis de Atenas. Se encuadra en la etapa conocida como «primer clasicismo griego». Sus obras más célebres fueron la estatua de la diosa Atenea del Partenón (Atenea Pártenos) y la estatua de Zeus en Olimpia, ambas de madera revestida con fragmentos de oro y marfil, que se convirtieron en modelos de perfección de la representación de divinidades.


Fue llamado por Pericles para dirigir, a partir del 447 a. C., los trabajos de la reconstrucción del Partenón en la Acrópolis de Atenas. Su amistad con Pericles, según Plutarco, le atrajo envidias de tal manera que de él se rumoreaba que facilitaba sus encuentros amorosos al tirano presentándole a las mujeres libres que acudían a ver las obras.​


El escultor acabaría siendo acusado por los enemigos políticos de Pericles de quedarse con parte del oro destinado a la estatua de Atenea, y de haber incluido su retrato y el de Pericles en el escudo de la diosa. Plutarco indica que fue condenado por estas acusaciones y que habría muerto en la cárcel en Atenas de enfermedad o envenenado.​ Sin embargo, un escolio de La Paz de Aristófanes que cita a Filócoro indica que el proceso y exilio a Élide habría tenido lugar en el 438-437 a. C.​ y que habría muerto allí en el 432 a. C. Algunos historiadores modernos creen que pudo haber ido a Élide en el 438-437 y luego haber vuelto a Atenas, donde habría sido acusado y condenado en el 432 y habría muerto en la cárcel, mientras otros opinan que debió haber sido condenado en el 433-432, momento en el que partió al exilio hacia Élide, donde habría muerto en fechas que oscilarían entre el 430 y el 420 a. C., tras otra acusación de sus enemigos con respecto a la estatua de Zeus de Olimpia