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La historia del beso como expresión amorosa y su origen oriental

El beso, en su significado cultural general, representa una expresión emocional que refleja sentimientos de amor o afecto hacia otra persona. El beso suele tener implicaciones sexuales, románticas, eróticas o afectivas que permiten la conexión entre la persona y el objeto de placer. El beso en diferentes culturas es un simbolismo social que se utiliza como una expresión metalingüística de los sentimientos de amor, aprecio, afecto o respeto. ¿Quién no ha dado un beso a un ser querido alguna vez? El beso puede parecernos una expresión universal, de ese lenguaje que cualquier ser humano entiende independientemente de su lugar de origen o cultura, ¿verdad? Pues la verdad es que no es así. Nos encontramos ante una expresión, el beso, que es un invento oriental que parece ser que surgió en la India. La mayoría de nosotros podemos suponer erróneamente que besar es un impulso que surge de la naturaleza humana común a toda persona, pero está lejos de constituir un idioma universal. Los datos de la antropología muestran que se trata de una práctica marcada por la cultura, no por la biología. El beso, tal como lo concebimos hoy en día, no existía en la América precolombina, ni en África u Oceanía, ni siquiera en China y el Extremo Oriente asiático. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en aquella zona, donde sigue siendo poco común ver besos en espacios públicos. En los años noventa, un artículo del Diario del Obrero de Pekín mostraba su repugnancia ante esta expresión amorosa a la que consideraban una imposicin cultural occidental que era totalmente ajena a su cultura china:


“Los invasivos europeos trajeron el hábito del beso a China, pero se considera una práctica vulgar que recuerda enormemente al canibalismo”.


La muestra más antigua conocida de un beso en el sentido sexual la encontramos en India hacia 1500 a. C. En la literatura hindú, su práctica puede rastrearse en el Mahabharata, el gran poema épico del siglo III a. C., y, por supuesto, en el Kamasutra, el célebre tratado sobre las artes amatorias, donde se llegan a recoger hasta 22 tipos de besos distintos.


Después de rastrear el origen del beso en la India, los expertos intentan explicar de forma plausible la forma en la que esta práctica se extendió por el mundo antiguo y se hizo tan popular en occidente. Según una teoría, este hábito se habría extendido desde el subcontinente asiático hasta Europa gracias a las tropas de Alejandro Magno, que alcanzaron aquellas remotas latitudes tras conquistar el Imperio persa. Aunque es posible que esta práctica comenzara a extenderse antes hacia Oriente Próximo, lo cierto es que solo encontramos referencias al beso como una práctica social relacionada con el saludo, la súplica y el arrepentimiento en culturas mesopotámicas como la babilonia y posteriormente en la cultura persa donde era una expresión de saludo.



Se sugiere así que el beso es producto de una combinación cultural entre Grecia e India durante las campañas militares índicas de Alejandro en el año 326 a. C. Algunas tradiciones clásicas incluían el besarse frente a un grupo de personas para formalizar una unión matrimonial entre dos personas;​ comportamiento que ha sido modificado a través de los siglos hasta transformarse en el beso utilizado en las uniones matrimoniales actuales para marcar fidelidad y devoción hacia la pareja. Otro comportamiento tradicional del periodo clásico es el besar un contrato para señalar conformidad, derivando en la tradición de "sellar los contratos con un beso" que perduraría hasta la Edad Media.


El beso como expresión de afecto era una práctica exitosa en el Mediterráneo ya en época romana, los romanos poseían tres palabras distintas para otras tantas modalidades de beso. El osculum tenía un sentido protocolario, el basium se empleaba en las relaciones de amistad y el suavium en las estrictamente amorosas. Vemos como ya en algunos poemas se hace referencia al beso como símbolo de afecto, amor o admiración:


“Dame mil besos, después cien,

luego otros mil, luego otros cien,

después hasta dos mil, después otra vez cien;

luego, cuando lleguemos a muchos miles,

perderemos la cuenta, no la sabremos nosotros

ni el envidioso, y así no podrá maldecirnos

al saber el total de nuestros besos.”


Cátulo, poeta latino.


En la Edad Media, el beso retoma diferentes significados que involucraban el respeto y la admiración. Los musulmanes besaban en un hombro en señal de respeto, como en el Cantar de mio Cid hace el moro Abengalbón al encontrarse con Álvar Fáñez:


"Cuando llegó Abengalbón donde a ojo lo ha / sonrisándose de la boca íbalo a abraçar; / en el hombro lo saluda, ca tal es su usaje."


(CMC, vv. 1517-1519)


En la lengua medieval, "dar paz" a alguien era también besarlo en el rostro en señal de saludo y de amistad, y solía hacerse en un momento de la liturgia de la misa cristiana. En esa época se usaban también los besos como un compromiso legal en el que la persona analfabeta trazaba una "X" y la besaba para marcar su compromiso ante un contrato, lo que originó el significado de "X" como un beso. Algunos expertos han asegurado que con la dominación del Cristianismo en la Europa feudal, se anula la práctica del beso erótico, aunque esto no parece cierto en vista de los nuevos hallazgos de escritos medievales en los que se habla de la existencia del beso como instrumento de placer entre los amantes. Posteriormente con la llegada del Renacimiento y el Barroco, el beso resurge como un componente en la expresión artística (principalmente pintura y literatura), atribuyéndole la concepción clásica del beso como una práctica romántica con poderes mágicos.


Así durante el periodo de la Revolución Industrial se globaliza la idea del beso como símbolo de cortesía y es cuando retoma su papel como un elemento en la estimulación sexual y como símbolo del amor entre dos personas.​ A pesar de su resurgimiento como práctica sexual, el beso sólo se renovó como una práctica propia de la intimidad de una pareja, que únicamente representaba una práctica privada que era ofensiva o escandalosa si era demostrada en público. La práctica del beso fue mesurada por las estipulaciones de la sociedad convencional y su código social de etiqueta. En el siglo XIX la explotación del beso en el Romanticismo fue frecuente debido a que el beso dejó de representar una "práctica privada" y pasó a convertirse en un elemento estético. El beso retoma un carácter "mágico" originado de la percepción clásica. Y así se llega al siglo XX y XXI donde el beso esta marcado por la sexualización de los medios que caracteriza esta nueva época. El beso se convierte en un factor determinante y globalizado, haciéndonos olvidar que, el origen de el beso como expresión amorosa, no es universal ni global, sino un invento cultural indio...Un gran invento.