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La maldición cumplida de la tumba de Tamerlán


El equipo soviético con los restos desenterrados del conquistador Tamerlán.

Corría el año 1941 cuando un equipo de arqueólogos soviéticos abrió la tumba del Gran Tamerlán en Samarcanda. Todos ignoraron la profecía escrita en su tumba que alertaba de la gran catástrofe que se desataría si se profanaba la tumba. Dicho y hecho, dos días después, una gran catástrofe sobrevino sobre la Unión Soviética.


Tamerlán (1336-1405) –también conocido con el nombre de Timur el Cojo-, fue un hábil líder militar y político, conocido tanto por su inteligencia como por su crueldad, que fue capaz de unir soldados de distintos orígenes bajo una misma bandera y de mantener su gobierno a base de alianzas y traiciones, dando origen a la dinastía Timúrida. Es considerado el último khan de una larga estirpe de grandes conquistadores provenientes de las estepas asiáticas. Después de una larga vida de campañas llegó a ser dueño de una gran imperio en Asia, falleció en 1405 en Otrar, en Kazajistán, cuando cayó repentinamente enfermó mientras marchaba con su ejército a conquistar China. Cuentan que Tamerlán, antes de morir, dejó una terrible profecía escrita en su tumba a manera de epitafio:


“Cuando me levante entre los muertos, el mundo temblará. Quien quiera que profane mi tumba habrá de desatar un conquistador aún más terrible que yo mismo”.


Vista exterior del mausoleo

Tamerlán sería enterrado en Samarcanda, en el mausoleo de Gur-e Amir, que significa en persa "Tumba del Rey". Este complejo arquitectónico que fue mandado construir por el propio Tamerlán unos años antes con la idea de que sirviera de mausoleo de su dinastía. El edificio destaca por la simplicidad en la construcción y la solemne monumentalidad de su apariencia. Se trata de una construcción octaédrica coronada por una sola cúpula bulbosa de color azul celeste de quince metros de diámetro y doce y medio de altura con profundas escarapelas o rosetones y lunares blancos. Los profundos ribetes verticales dan una expresividad sorprendente a esta cúpula. La decoración de las paredes exteriores consiste en azulejos de colores azul, azul claro y blanco, organizados de forma geométrica. Posteriormente bajo el gobierno de su nieto Ulugh Beg se colocó un sólido bloque de jade verde oscuro sobre la tumba de Tamerlán. Antiguamente esta piedra se había usado en un lugar de culto en un palacio imperial de China y más tarde formó parte del trono de Kabek Khan en Karshi, un descendiente del gran Genghis Khan.


El sarcófago oscuro donde reposan los restos mortales de Tamerlán

Allí reposarían los restos de Tamerlán, sus hijos Miran Shah y Shah Rukh, sus nietos Muhamad y Ulugh Beg, así como el consejero espiritual de Tamerlán, Mir Said Baraka. Pero en este mundo nada es eterno, ni siquiera el descanso de los muertos. Pero parece ser que no fue el equipo de investigadores soviético el primero en profanar la tumba de Tamerlán. En 1740, el sha persa Nadir Shah robó el precioso bloque de jade, pero para su desgracia la pieza se rompió en dos y a partir de entonces se cuenta que el sha empezó a tener muy mala suerte. Sus consejeros le recomendaron que devolviera inmediatamente la piedra a su lugar, cosa que hizo sin dudar.

Pasó el tiempo y siglos después, en 1941, Stalin envió una expedición soviética a Uzbekistán para abrir y examinar las tumbas de Tamerlán y otros miembros de la dinastía Timúrida. Allí en Samarcanda, decía los lugareños, se encontraban los restos del antiguo conquistador. La expedición soviética que iba a encontrar los restos del famoso conquistador era liderada por el brillante académico Mijaíl Guerasimov.

Mijaíl Mijáilovich Guerasimov era un prestigioso arqueólogo y antropólogo soviético que desarrolló la primera técnica de escultura forense basada en hallazgos en antropología, arqueología, paleontología y ciencia forense. Poseía ya una dilatada carrera en este campo, reprodujo sus primeras reconstrucciones del hombre de Neanderthal y el Hombre de Java en 1927 estudiando las cabezas óseas y reconstruyendo meticulosamente también los rostros de más de doscientas personas de histórica importancia, como Yaroslav I el Sabio, Iván el Terrible, Friedrich Schiller y Rudaki. Así que Stalin tenía fácil elegir al hombre que enviaría a Samarcanda para investigar los restos de Tamerlán.

Al enterarse de las intenciones del equipo soviético, los habitantes de Samarcanda protestaron contra la exhumación, alegando que extraer los cuerpos de sus tumbas llevaría a una catástrofe. Los soviéticos, se encontraron con un clima hostil y con la leyenda contada por los uzbekos referente a la amenazadora profecía escrita sobre Tamerlán y su tumba, pero ellos eran científicos, y además soviéticos, los cuentos y leyendas sobre fantasiosa maldiciones no iba con ellos, no creían en supersticiones, así que siguieron adelante con su trabajo. La tumba de Tamerlán se abrió el 20 de junio de 1941, moviendo el bloque “maldito” ara acceder a los restos del conquistador. Descubrieron que era bastante alto y fuerte para la media de su tiempo, midiendo 1,72. Sorprendentemente para los investigadores, resultó que el gran Tamerlán era pelirrojo, también detectaron que sufría una pronunciada cojera al haberse soldado el fémur y la rótula, lo que daba una explicación racional al apodo con el que fue conocido (Timur el cojo). Asimismo se dedujo que debió sufrir gran dolor en un brazo por una antigua herida no curada del todo. Guerasimov fue capaz de reconstruir la cara de Tamerlán a partir de los restos de su calavera.


Reconstrucción facial de Tamerlán realizada por Mijaíl Guerásimov

El 22 de junio de 1941, dos días después que los restos del famoso conquistador fueran mostrados públicamente, la Alemania Nazi lanzó la Operación Barbarroja y dio inicio a la invasión alemana de la Unión Soviética, que significó un duro golpe para las desprevenidas fuerzas rusas, que sufrieron fuertes bajas y perdieron grandes extensiones de territorio en poco tiempo. Tres millones de soldados alemanes se adentraron en territorio ruso en un avance incontenible hacia Moscú. La operación Barbarroja significó que la Unión Soviética entrara en uno de los momentos más oscuros y peligrosos de su Historia. Parecía inevitable que la gran máquina de guerra nazi aplastara completamente a la Unión Soviética. Curiosamente, casualidades de la vida, ¿o no? en febrero de 1943, tras los trabajos previstos, el cuerpo de Tamerlán fue enterrado de nuevo en su mausoleo siguiendo el correspondiente rito musulmán. Al día siguiente de que los restos de Tamerlán volvieran a ser sepultados, el mariscal Von Paulus se rendía en Stalingrado con lo que quedaba del VI Ejército germano. La victoriosa y hasta entonces invencible Wehrmacht –el ejército alemán- comenzó a sufrir simultáneamente una serie de reveses en tierra rusa, partiendo por la estrepitosa derrota de Stalingrado, batalla que decidiría definitivamente la suerte de los germanos en la Segunda Guerra Mundial.

Inevitablemente surgió la leyenda de cómo Tamerlán había podido cambiar el curso de la Segunda Guerra Mundial desde el más allá; dos veces nada menos. Y lo había advertido ya en su epitafio. Pero en realidad siempre quedará la duda de si estas son mera coincidencia, o, siempre jugoso para el público, una maldición de ultratumba cumplida. Esa opinión ya es personal y la opción de creerlo o no ya depende de usted mismo.