Buscar

Las últimas palabras de Alejandro Magno en su lecho de muerte: al más fuerte ¿o a Crátero?



Al más fuerte, ¿o a Crátero? Esas son las supuestas palabras que Alejandro pronunció en su lecho de muerte, cuando Pérdicas le pregunto a quién le dejaba su reino.

«Al más fuerte» (Krat'eroi) o “ a Crátero” (Krater'oi), pero la duda desencadenó una guerra que duró medio siglo entre sus generales. Daba comienzo así el conocido como el período de los Diádocos, que va desde la muerte de Alejandro (323 a. C.) hasta la muerte de Seleuco Nicátor en 281 a. C., fue un período intenso lleno de guerras que vio a amigos, familiares y antiguos compañeros luchando entre sí y en contra todos para asegurarse la sucesión al trono del Imperio de Alejandro .

Cuando Alejandro murió el entre 10 o 11 de junio de 323 a. C., el imperio una vez "centralizado" se encontró sin una cabeza visible. Alejandro había sido una fuerza poderosa por sí mismo. Carismático, fuerte, audaz, valiente, y a veces despiadado, su voluntad de hierro obligaba a otros a seguirlo.

Sus ejércitos fueron siempre victoriosos contra numerosos enemigos que se extendían desde los griegos del sur hasta las tribus bárbaras del norte, desde jinetes persas y medos hasta reinos y elefantes indios en la jungla a lo largo del río Indo.

Cuando murió, y su presencia se desvaneció en un día húmedo y nublado en el palacio de Nabucodonosor II en Babilonia, sus generales, los compañeros, los strategoi, los líderes mercenarios, los sacerdotes y príncipes extranjeros, y los famosos somatophylakes (guardaespaldas), se miraron unos a otros, forjando alianzas con personas que creían que podían servir mejor a sus intereses.

Ptolomeo, Pérdicas, Lisímaco, Seleuco, Leonato, Peucestas, Casandro, Meleagro, y también los ausentes en aquella húmeda noche en Babilonia, Crátero, el regente Antípatro y Antígono Monoftalmo, pasarían los años sucesivos a la muerte de Alejandro, enzarzados en guerras, alianzas, traiciones, derrotas y victorias hasta que muchos de ellos fueron desapareciendo, unos, en el campo de batalla, otros, asesinados o ejecutados... pocos murieron de muerte natural y muy pocos llegaron a una avanzada edad.

Así, la mayoría de los historiadores afirman que si Alejandro hubiera tenido la intención de elegir a uno de sus generales sin lugar a dudas hubiera elegido a Crátero porque era el comandante de la parte más grande e influyente del ejército, la infantería, porque había demostrado ser un excelente estratega, y porque siempre fue el más cercano al general, solo superado por el ya fallecido Hefestión.

Sin embargo, Crátero no estaba presente en el lecho de muerte, pero, ¿y si Alejandro no se refería ni a Crátero ni a ninguno otro de sus generales?. Casi todos han supuesto que con esa frase, Alejandro señalaba a un sucesor entre los oficiales de más alto rango. Pero pocos en la corte sabían que Barsine–Estatira, la princesa persa con la que Alejandro se había casado hacía poco en Susa, estaba embarazada. A esto se añade el conocido embarazo de Roxana, lo que dibuja un panorama diferente, con el rey moribundo y con sus dos esposas reales embarazadas en ese momento. Por lo tanto, en el momento de su muerte, Alejandro tenía dos hijos por nacer cuyo sexo desconocía. En el supuesto de que ambos fueran varones, es posible que Alejandro en su lecho de muerte se refiriera a estos dos hijos por nacer, y que si se daba el caso de que los dos eran varones, que los macedonios eligieran al mejor, o sea, al más fuerte.


Una vez fallece Alejandro, Roxana actuará rápidamente. Aprovechando que Barsine-Estatira no se encontraba en Babilonia, probablemente se encontraba en Susa, y que era posible que la noticia de la muerte del rey no hubiera llegado a ella aún, Roxana le enviará una carta en la que haciéndose pasar por Alejandro, solicitaba la presencia de Barsine-Estatira en Babilonia. Ella acudirá a Babilonia donde Roxana no dudará en ejecutar a la embarazada. El motivo era simple, Barsine-Estatira era hija de Darío III y por tanto, por su sangre fluía la sangre real de la dinastía aqueménida. El hipotético hijo varón de Barsine-Estatira habría tenido más derecho sobre el trono imperial al unirse en él la sangre de los reyes persas con la de Alejandro, en detrimento del hijo de Roxana, que no dejaba de ser la hija de un sátrapa de la parte oriental del imperio. Roxana actuó de forma implacable en beneficio de la herencia de su hijo eliminando un posible rival que sin duda estaría por delante de su hijo en la sucesión. Meses después Roxana daría a luz a un varón: Alejandro IV.


Sin embargo, sus generales colocaron en el trono al hermano retrasado de Alejandro, Filipo Arrideo como si de un títere se tratara y se repartieron los territorios del imperio entre ellos. Sin embargo, ninguno de ellos fue capaz de unir todas las piezas conquistadas por Alejandro. Por el contrario, tres dinastías se perpetuaron en los restos del Imperio macedonio: la fundada por Ptolomeo en Egipto, la que estableció Antígono y su hijo en Grecia, y la de Seleuco, en el corazón de Asia hasta su destrucción por los romanos siglos después.

La mayoría de los generales de Alejandro perecieron durante el conflicto, entre ellos Crátero en una batalla contra Éumenes (el antiguo secretario de Filipo II en Asia Menor).

Pero si hubo un grupo especialmente perjudicado por la ambigüedad en las palabras del conquistador macedonio ese fue el que formaba su familia.

El primer damnificado fue el único hermano vivo del macedonio. Filipo Arrideo era hijo ilegítimo de Filipo II de Macedonia y de una bailarina de Tesalia. Su hermano no le había hecho eliminar como era costumbre en la corte de Macedonia (para reducir las intrigas palaciegas) porque tenía mermadas sus capacidades mentales y se le consideraba inofensivo. En el 317 a. C., Filipo III Arrideo y su esposa Eurídice, hija de Cinane, hermanastra de Alejandro, fueron mandados asesinar por Olimpia

La madre de Alejandro Magno, que a su vez sería asesinada por influencia de Casandro –el hijo de Antípatro–, buscaba con la muerte de su hijastro despejar el camino al único hijo legítimo del conquistador. Alejandro falleció cuando su esposa Roxana estaba embarazada de un varón, Alejandro IV, cuya tutela fue disputada encarnizadamente por los sucesores. Pese a todos los esfuerzos, Casandro ordenó su muerte y la de su madre en 309 a. C.

El otro hijo del conquistador, Heracles, resultado de su relación extramatrimonial con Barsine –hija del sátrapa Artabazo II de Frigia– también fue eliminado a manos de otro de los diádocos (Poliperconte), bajo la instigación de Casandro, antes de que alcanzara la mayoría de edad.


BIBLIOGRAFÍA:

-Billows, Richard A. (1997). Antigonos the One-eyed and the creation of the Hellenistic state

-Heckel, Waldemar (1992). The marshals of Alexander’s empire.

-Anson, Edward (2014). Alexander's Heirs: The Age of the Successors.