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Los gimnosofistas: cuando las filosofías de Grecia e India se encontraron

Los gimnosofistas (es decir, filósofos desnudos) fue el término dado por los griegos a ciertos filósofos de la India, que buscaban el ascetismo hasta el punto de cruzar la comida y la ropa como enemigos de la pureza del pensamiento (sadhus o yoguis). Estos gimnosofistas han sido identificados con los ascetas de la secta digambar del jainismo, que todavía se pueden ver desnudos hoy en la India. Estos filósofos también habrían influido en la filosofía escéptica griega al mostrar la doctrina jainista de anekantavada, especialmente el syādvāda.

El siguiente texto extraído de la obra de Plutarco relaciona el encuentro de Alejandro con ellos y el trato amistoso y suave que Alejandro Magno dio a los filósofos indios, llamados gimnosofistas, que habían dirigido una rebelión contra él. Se muestran las respuestas que dieron a sus preguntas, gracias a lo cual no solo salvaron sus vidas, sino que también recibieron regalos del rey.


Diez de los filósofos gimnosofistas llegaron a su poder, quienes con sus persuasiones contribuyeron más a la rebelión de Sabas y que los hombres mayores mataron a los macedonios. Como tenían la reputación de ser muy hábiles para dar respuestas breves y concisas, propusieron ciertas preguntas oscuras, que luego dieron muerte porque respondieron de la manera más grave, y así sucesivamente, por orden, por parte de otros, intimidando al anciano que juzgaba. Preguntó al primero si en su opinión eran más los vivos o los muertos, y dijo que los vivos, porque los muertos ya no existían. Al segundo, que cría bestias más grandes, la tierra o el mar, y dijo la tierra, porque el mar era parte de ella. Al tercero, cuál es el animal más astuto, y respondió: “Aquel que el hombre aún no ha conocido”. Al preguntarle al cuarto con qué propósito había hecho que Sabas se rebelara, respondió: “Con el deseo de que viviera bien o muriera malamente”. Siendo preguntado el quinto cuál le parecía que había sido hecho primero, el día o la noche, respondió que el día precedió a ésta en un día, y añadió, viendo que el rey mostraba maravillarse, que siendo enigmáticas las preguntas era preciso que también lo fuesen las respuestas. Mudando, pues, de método, preguntó al sexto cómo lograría ser uno el más amado entre los hombres, y respondió: “Si siendo el más poderoso no se hiciese temer”. De los demás, preguntando uno cómo podría cualquiera, de hombre, hacerse dios, dijo: “Si hiciese cosas que al hombre es imposible hacer” y preguntado otro de la vida y la muerte cuál podía más, respondió que la vida, pues que podía soportar tantos males. Preguntado el último hasta cuándo le estaría bien al hombre el vivir, respondió: “Hasta que no tenga por mejor la muerte que la vida”. Convirtióse entonces al juez, mandándole que pronunciase; y diciendo éste que habían respondido a cuál peor, repuso Alejandro: “Pues tú morirás el primero juzgando de esa manera”; a lo que le replicó: “No hay tal ¡oh rey! a no ser que te contradigas, habiendo dicho que moriría el primero el que peor hubiese respondido”.

Dejó, pues, ir libres a éstos, habiéndoles hecho presentes […] Plutarco, Vida de Alejandro, LXIV-LXV


Un gimnosofista del que tenemos más información es Kalanos, Plutarco cuenta que, cuando Kalanos fue invitado ante Alejandro Magno a interés personal del rey, el filósofo le “demandó secamente desnudarse y oír lo que tenía que decirle desnudo, o de lo contrario no hablaría palabra con él, aunque le enviara el mismo Zeus.” Kalanos así mismo declinó los fastuosos regalos que el rey macedonio quiso otorgarle, afirmando que sus deseos no podían ser satisfechos por estos. Según parece, Kalanos le explicó en el transcurso de su conversación que, incluso si Alejandro ordenaba matarle, simplemente “sería liberado de su cuerpo de carne aquejado de la edad y enviado a una vida mejor y más pura.” Uno de los filósofos de Alejandro, Onesícrito, mantuvo largas conversaciones con Kalanos y los gimnosofistas, y el rey mismo se mostró interesado por las posturas de los sabios hindúes sobre la filosofía griega. Alejandro intentó persuadir a Kalanos de acompañarle y quedarse en su corte, aunque fuera como prisionero, a lo que Kalanos replicó “¿De qué podría servirte yo, Alejandro, exhibido ante los griegos, si soy obligado a hacer lo que no deseo hacer?”​ En cualquier caso, Kalanos aceptó unirse a él y compartir sus enseñanzas, las cuales representaban “la honestidad y libertad de Oriente” según los griegos. Kalanos tenía 73 años, una edad no poco respetable para su época, en el momento de su muerte.​ Ésta llegó cuando el sabio cayó gravemente enfermo durante uno de los viajes y aseguró a Alejandro que prefería morir antes que vivir lisiado por la fiebre. Aunque el rey intentó disuadirle de este propósito, terminó accediendo a sus deseos y mandó a Ptolomeo construir una pira para él de acuerdo con sus instrucciones, teniendo lugar la inmolación en Susa en el año 323 a.C.​ Kalanos repartió entre la gente los regalos que el rey una vez había intentado darle, así como su caballo, que entregó a su pupilo griego Lisímaco,​ y se coronó sólo con una guirnalda de flores para el acto.​ Ante el asombro de todos los asistentes, que incluían a los almirantes Nearco y Cares de Mitilene, Kalanos ardió hasta su muerte sin un solo gesto de dolor, manteniéndose tan sereno como siempre había sido a lo largo de su vida.​ Aunque Alejandro no pudo asistir personalmente a su inmolación, las últimas palabras del indio fueron dirigidas a él, y afirmaban que “volveremos a vernos en Babilonia”. Esto se tuvo después por una asombrosa profecía, ya que Alejandro murió efectivamente en Babilonia, a pesar de que en el momento de la muerte de Kalanos no tenía planes de ir allí y nadie había entendido sus palabras. Plutarco, Vidas paralelas.

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