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Olisbos: los consoladores con los que las antiguas griegas sobrellevaban la ausencia de sus maridos



La cultura griega ha aportado tantos conocimientos a la humanidad que el arte del amor propio no podía ser la excepción. Los olisbos formaron parte importante en la procuración de la satisfacción personal y el onanismo femenino. Las mujeres griegas solían tener un olisbo a mano para cuando sus maridos se iban a la guerra. El término «olisbo», que viene del griego ολισβος (olisbós), que se traduce como “resbalar” o “deslizar” y se refiere a los consoladores de apariencia realista que incluyen testículos. Popularizados en la Antigua Grecia, la mayoría de los olisbos estaban hechos con el mismo cuero que se usaba para confeccionar las sandalias aunque también podían fabricarse con madera, piedra, cerámica o incluso de pan, conocido con el nombre de olisbokollix.


Las mujeres aplicaban aceite de oliva para lubricar los olisbos y poder deslizarlos fácilmente dentro de sí. Algunos consoladores estaban rellenos con hierbas secas, pelo de animal o tela. Además de ser utilizados como juguete sexual, los olisbos en Grecia tenían una función médica, ya que también era aplicado para aliviar los síntomas de la histeria femenina o útero errante. En la Antigua Grecia, se creía que la histeria femenina era una enfermedad. La histeria se trataba con el método conocido como el “masaje pélvico” que consistía en la estimulación genital, mayormente llevado a cabo por médicos y matronas. Para Platón e Hipocrátes la falta de esperma causaba lo que llamaban la histeria, enfermedad femenina que podía producir locura o hasta la muerte. Este mal femenino podía curarse con masajes en los genitales y allí entraban en juego los olisbos.


Aunque su origen se pierde en las brumas del tiempo, sabemos que el uso de estos consoladores para el arte del amor propio ha estado presente en las civilizaciones antiguas. Como la egipcia o la china, donde se usaban gallos de jade o bronce; y en el Oriente Medio, donde se fabricaba a partir de estiércol seco de camello cubierto de resina.

Este objeto se volvió muy común en el mundo grecorromano gracias a la ciudad jonia de Mileto, en Asia Menor, donde se fabricaban consoladores de madera, piedra o cuero que luego eran vendidos por todo el Mediterráneo, alcanzando gran popularidad, como puede verse incluso en la literatura antigua. Aristófanes, en su obra teatral Lisístrata, hacía mención de estos objetos de placer personal. En la obra, un grupo de mujeres realizan una huelga sexual, no solo por quedarse sin maridos durante la guerra del Peloponeso (Siglo V a. C.), sino que tampoco tenían acceso a los consoladores porque los ciudadanos de Mileto habían abandonado la alianza con Atenas.


Sin duda la situación geográfica de Mileto entre Oriente y Occidente fue clave en la recepción de influjos culturales diversos. De Mileto provienen pensadores y autores tan importantes como el filósofo y matemático Tales, o los filósofos Anaximandro y Anaxímenes, predecesores de Sócrates, o el arquitecto Hipódamo, que dieseñaba las ciudades con un trazado regular y armónico, o Aspasia, la amante de Pericles que tanto influyó en la vida social y cultural de Atenas, o el político y tirano Aristágoras, que decretó la “isonomía” o igualdad de todos ante la ley. Pero Mileto colaboraba también a la felicidad sexual de muchas personas con esta aportación tan especial como los olisbos.


Los olisbos eran usados mayormente por las mujeres casadas cuyos maridos eran soldados griegos que se iban a pelear a la guerra. También lo podían usar las mujeres solteras y viudas que obtenían liberación íntima con el consolador de madera o cuero. Según el Satiricón, obra de Petronio, los olisbos se usaban también como instrumento de tortura al ser introducidos por el ano, previamente untados con pimienta.