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¿Reinó Nefertiti en Egipto a la muerte de Akenatón y antes de Tutankamón?: el misterioso Semenejkara



¿Reinó realmente Nefertiti como faraón de Egipto? Parece que sí. Investigaciones recientes indican que Nefertiti fue asociada al trono en calidad de corregente y coronada faraón tras la muerte de su esposo. Si Nefertiti asumió realmente las riendas del país, ¿quién fue Semenejkara? Y ¿por qué muchos especialistas siguen afirmando que la reina cayó en desgracia antes de la muerte de su marido Akenatón?

Según avanzan nuestros conocimientos sobre Nefertiti se hace más evidente la extraordinaria personalidad de esta reina. Pero son muchos los secretos que siguen escondidos bajo la arena de Amarna, como por ejemplo su origen, que sigue siendo un misterio.

Muchos especialistas han propuesto la teoría de que la reina era de origen extranjero, y uno de los motivos sería la extraordinaria finura y palidez que representa el famoso busto conservado en el Museo de Berlín, y el nombre que portó tan ilustre personaje: La bella ha llegado. Por consiguiente, no sorprende que se haya identificado con Taduhepa, la hija de Tushratta, rey de Mitanni. Pero la mención en las tumbas de Pahesy y Maya sobre una hermana de la reina llamada Mutnedjemet, y el hecho de que Nefertiti poseyera su propia ama de cría egipcia hace pensar que lo más probable es que fuera egipcia de nacimiento. Según estudios recientes, el padre de Nefertiti fue el padre del dios Ay, hecho que explicaría la alta consideración que Ay disfrutó siendo un simple oficial ejecutivo del nuevo régimen atonista, así como la concesión de su impresionante tumba en Amarna. La primera aparición en público de Nefertiti fue en la tumba del visir Ramose, durante el segundo año de reinado, hacia 1350 a.C. El faraón se inclina y lanza collares a la muchedumbre, con la Gran Esposa Real, su amada, Señora de Egipto tras él, tocada con la peluca nubia y un cetro en forma de lirio entre los dedos. Nefertiti se convirtió en la Excelsa y la Poderosa en el palacio, aquella en la que confía el faraón, y contribuyó activamente al desmantelamiento de gran parte del marco político y religioso existente, construido en torno al dios Amón. Ambos desencadenaron una auténtica revolución cuyas consecuencias alcanzaron todos los ámbitos de la vida. Se prohibió el culto a Amón, cuyas inscripciones y representaciones fueron sistemáticamente destruidas, se instauró el culto a un único dios, Atón, y gradualmente se fueron suprimiendo los cultos a los demás dioses del panteón egipcio. Una revolución que rompió, brutalmente, con los cánones que habían regido la civilización desde sus inicios, y que a pesar de su estrepitoso fracaso, significó la crisis de la civilización clásica egipcia.

Según algunos egiptólogos, entorno al año 12 del reinado de Akenatón, Nefertiti cayó en desgracia. Parece ser que fue desterrada al palacio norte, donde murió dos años después. Mientras tanto, Akenatón asoció al trono a Semenejkara, personaje enigmático, quizás un joven hermano del rey, que contrajo matrimonio con Meritatón, la heredera de más edad del linaje real. Tras la muerte de Akenatón, entorno al año 1336 a. C., Semenejkara subió al trono, quizás año y medio después. Actualmente, la asumida caída en desgracia de Nefertiti es reconocida como otra gran falacia de la historia. Según un estudio de las inscripciones halladas en el palacio norte de Maru Atón y en Hermópolis, la reina que perdió el favor del soberano fue Kiya, la muy amada esposa del rey del Alto y Bajo Egipto y no Nefertiti. El nombre de Kiya, que poseía una finca en Amarna, dejó de aparecer en los monumentos alrededor del año noveno, precisamente en la época del nacimiento de Tutankamón, lo que sugiere la posibilidad de que muriera dando a luz al único hijo varón de Akenatón. El favor que gozó Kiya debió suponer una clara amenaza que Nefertiti no pudo ignorar, y no es casualidad que, tras la desaparición de esta reina, comenzase a abrirse paso el extraordinario ascenso de la gran esposa real. Por consiguiente, y siguiendo las nuevas evidencias, Nefertiti no fue obligada a retirarse a un palacio secundario en compañía de Tutankamón, al que preparó para ejercer el poder, ni murió entorno al año decimocuarto de Akenatón como sugieren algunos especialistas. La desaparición de Nefertiti fue el resultado de un cambio de nombre, consecuencia tal vez de un aumento de su rango (de gran esposa real a corregente). Esta tesis fue propuesta por vez primera en 1912 de la mano de Henri Gauthier, pero desechada por falta de pruebas. John R. Harris, en 1973, resolvió el enigma. Reunió evidencias suficientes y estableció una clara secuencia de desarrollo en los nombres empleados por la reina que ponía de manifiesto una nueva orientación política:


Reina: la reina Nefertiti se convierte en reina Nefernefruatón (Nefertiti).


Corregente: la reina Nefernefruatón-Nefertiti se convierte en la corregente Ankhkheprure-Nefernefruatón


Gobernante en solitario: la corregente Ankheprure-Nefernefruatón se convierte en gobernante bajo el nombre de Ankhkheprura-Semenejkara


Son muchos los testimonios en los que la reina aparece adoptando actitudes y usando emblemas exclusivos de los faraones, como por ejemplo en la Estela de la gran recepción, donde el rey y la reina se superponen formando una sola entidad regia durante los festejos en honor a la nueva capital, el horizonte de Atón. Otra de las pruebas de que el corregente no era un hombre, es una serie de sellos de fayenza preparados entorno al año 12 de reinado, incisos con el praenomen de Ankheprure-Nefernefruatón escritos con la terminación –t del femenino y elaborados con el siguiente epíteto, amada de waenra. La idea de que Nefertiti y el corregente eran una misma persona es ahora aceptada por la mayoría de estudiosos, pero la identidad de Ankheprura-Semenejkara es un asunto distinto, aunque la ecuación corregente-sucesor sea un tema dado por supuesto en la monarquía egipcia. La tesis de que Nefertiti adoptase una titularidad real, cartucho incluido, con un nuevo nombre de entronización, y hubiera continuado gobernando con independencia tras la muerte de Akenatón en 1336 a.C. chocaba con una feroz resistencia: el cuerpo hallado en la tumba KV559 del Valle de los Reyes. En enero de 1907, Edward Ayrton, que trabajaba bajo las órdenes de Theodore Davis, descubrió los contenidos de una tumba muy deteriorada. Se trataba de la KV55. En un principio, Davis creyó haber hallado la sepultura de Tiya, esposa de Amenofis III y madre de Akenatón, puesto que identificó como femenino el cuerpo que encontraron en el interior del féretro. Un segundo examen, llevado a cabo por el anatomista Douglas Derry, identificó el cuerpo de la KV55 como Semenejkara, para muchos, hermano de Tutankamón. Pero una revisión de las pruebas ha confirmado que el cuerpo es el de Akenatón, algo que encaja con las similitudes físicas que los anatomistas han encontrado entre este cuerpo y la momia de Tutankamón, incluyendo el mismo grupo sanguíneo. Si el cuerpo hallado en la KV55 corresponde a Akenatón y no a Semenejkara, y si todas las evidencias son ciertas, el hecho de que Nefertiti y Semenejkara fueran la misma persona, solventaría la duda entorno a la supuesta homosexualidad de Akenatón. Una tesis interpretada a raíz de una pequeña estela privada conservada en Berlín, donde se representan a dos reyes sentados el uno junto al otro y en actitud cariñosa. Según Newberry se trataba indudablemente de la representación de Akenatón y Semenejkara, evidencia clara de la homosexualidad del faraón, pero gracias a los estudios recientes podemos afirmar que las imágenes de dicha estela no eran representaciones de Akenatón y su corregente masculino, sino del faraón y su reina.

El último año de reinado de Akenatón que tenemos documentado es el 17. Es probable que muriera por causas naturales, aunque hay estudiosos que apoyan la tesis del asesinato. Fuese o no por causas naturales, Nefertiti, bajo el nombre de Ankheprure-Nefernefrureatón, tomó el nombre de Ankheprure-Semenejkara y empezó a pensar en su sucesión, que recayó en Tutankamón, el hijo que Akenatón tuvo probablemente con Kiya, y que contrajo matrimonio con Anjesenamón, una de las seis hijas de la pareja real.

Debido a la inestabilidad, y con la intención de frenar la decadencia de Egipto, es muy probable que Nefertiti se instalase nuevamente en Tebas e iniciar las negociaciones con el clero de Amón. Pero Nefertiti murió poco tiempo después. Las fechas que aparecen en varias etiquetas de vasija descubiertas en Amarna indican que el reinado de Ankheprure Semenejkara fue muy breve. Y de nuevo, asaltan las dudas; ¿muerte natural o asesinato? Es cierto que había mucha gente que deseaba quitar a Nefertiti de en medio debido a la política desastrosa y a la decadencia que ella y su esposo habían llevado a Egipto. Pero, ¿qué ocurrió realmente? Los anales hititas narran un hecho asombroso bajo el reinado de Suppiluliuma; una reina egipcia llamada Dahamunzu (nombre usado por los hititas para referirse a la esposa por excelencia) le instaba a que le enviase un hijo para casarse y convertirle en rey de Egipto tras la muerte del faraón Niphururiya. La identidad del monarca fallecido ha sido muy discutida, y aunque generalmente se cree que pudiera ser Tutankamón, recientemente se ha demostrado que el faraón difunto era Akenatón, y por consiguiente, Dahamunzu era la propia Nefertiti. La carta que Nefertiti envió a Suppiluliuma decía lo siguiente:


Mi esposo falleció. No tengo un hijo varón. Pero dicen que tú tienes muchos hijos. Si quisieras darme a uno de tus hijos, se convertiría en mi esposo. ¡Jamás escogeré a uno de entre mis súbditos para convertirlo en mi esposo! ... ¡Tengo miedo!


Suppiluliuma debió sorprenderse ante la oferta de matrimonio; algo sin precedentes en la historia de Egipto, donde jamás ninguna princesa había sido enviada a otro país. El rey hitita no podía dar crédito a lo que estaba leyendo. Envió a un mensajero a Egipto que regresó a Hatussa, un año después, con la siguiente misiva:


¿Por qué dijiste “me están engañando” con este asunto? Si hubiera tenido un hijo, ¿hubiese escrito acerca de mi vergüenza y la de mi país a una tierra extraña? (…) Aquél que era mi esposo ha muerto. ¡No tengo hijos! ¡Jamás tomaré a uno de mis súbditos para convertirlo en mi esposo! (…) Dicen que tus hijos son muchos: así pues, entrégame a uno de tus hijos. ¡Para mí será un esposo, pero en Egipto será el rey!


El hijo que el rey hitita envió a Egipto, Zannanza, fue asesinado por el camino, seguramente a manos de egipcios contrarios a los planes de unión entre las dos grandes potencias; un complot anti-real que se atrevió a asesinar al hijo de Suppiluliuma aunque eso conllevara la guerra abierta con el temible ejército hitita. Y si las tesis de Harris son ciertas, puede que Dahamunzu pagara muy cara la traición. El destino final Desconocemos el lugar donde Nefertiti fue enterrada. Howard Carter encontró partes del ajuar funerario en la tumba en forma de T excavada en Amarna, pero a falta de más evidencias, muchos expertos confían en que Nefertiti fue finalmente sepultada en Tebas, ya que los templos habían sido abiertos y la antigua necrópolis del Valle de los Reyes restaurada de nuevo. Algunos investigadores dirigen la mirada hacia la KV62, un hipogeo construido a finales de la Dinastía XVIII para algún miembro de la familia real. Pero de momento todo son hipótesis. Parte del ajuar funerario de la reina fue reutilizado en la tumba de Tutankamón, pero nada se sabe de su cuerpo. Los faraones posteriores fueron los encargados de acabar con el legado de Amarna y eliminar cualquier rastro de Akenatón y su familia; el ataúd del rey acabó en el suelo con el rostro arrancado y los cuerpos y tesoros de la familia real arrastrados de un lugar a otro. ¿Corrió Nefertiti la misma suerte a manos de la nueva ortodoxia? La egiptóloga Joan Fletcher cree tener la respuesta a dicha pregunta. Victor Loret, en marzo de 1898, encontró la tumba de Amenofis II, la llamada KV35, donde se halló la momia del propietario de la tumba, un osario de momias reales que actualmente se conserva en el Museo de El Cairo, la llamada momia de la barca y tres momias anónimas en una sala lateral; la mujer anciana, el joven príncipe y la joven mujer. Y según Flethcer, la momia de la mujer joven debe identificarse con Nefertiti.


A la izquierda podemos observar el perfil de la momia que, inicialmente, se atribuyó a un varón hasta que los exámenes posteriores demostraron que correspondía a una mujer. A la derecha, observamos la vista lateral del busto de Nefertiti

Se trata de una momia bien conservada pero con evidentes signos de violencia post-mortem: su rostro había sido golpeado y la boca había quedado maltrecha hasta el punto de haber perdido varios dientes. Algunas de las evidencias que Joan Fletcher pone encima de la mesa en su intento de demostrar al mundo que esa momia pertenece a Nefertiti son las siguientes. La momia fue enterrada con el brazo derecho colocado como el de un faraón; algo que vendría a demostrar que Nefertiti realmente gobernó Egipto en calidad de faraón. La joven mujer fue enterrada con una peluca corta, muy semejante a los peinados de estilo nubio que Nefertiti solía llevar en vida. La momia llevaba los lóbulos agujereados, un elemento propio del período amarniense. Así como cuentas de oro del mismo tipo que las halladas en la KV55.


BIBLIOGRAFÍA:

Fletcher, J., El enigma de Nefertiti, Barcelona, 2004.

Padró, J., Historia del Egipto faraónico, Madrid, 1999.

Reeves, N., Akhenatón, Madrid, 2002.

Reeves, N., Wilkinson H. R., Todo sobre el Valle de los Reyes, Barcelona, 1998.

Letícia Caballé Ardid, Ex Novo